Miércoles, 08 de Octubre de 2014

De Mauricio Kartun

En aquella inefable Argentina de principios del siglo XX las familias de su opulenta clase ganadera solían viajar a Europa acompañadas de una vaca. Debidamente acomodada en la bodega del transatlántico la clásica holando pampeana surtía de leche fresca a la prole durante los largos días de embarque.
Escrita en versos que remedan las formas clásicas del teatro romántico la obra es una parodia política basada –justamente- en aquella costumbre emblemática. La relación entre el hijo de la familia –ese inimputable Niño Argentino-, su peón y la vaca -que completa el triángulo clásico-, organiza la trama que se desliza en su hipótesis y su estructura sobre aquella frase de Carlos Marx: Todos los grandes hechos de la historia universal se repiten dos veces. Una vez como tragedia y la otra como parodia.

El espectáculo fue estrenado en el 2006 en la Sala Cunill Cabanellas del Complejo Teatral de la ciudad de Buenos Aires. El éxito de crítica y taquilla hizo que se repusiese en la misma temporada en Teatro Alvear del mismo Complejo.

Dice Mauricio Kartun, sobre...

El texto
Una obra guaranga y en verso. No es fácil contestar porqué pero lo intento. Nada me hace reír más que ciertas zonas del humor guaso. Aprendí a disfrutarlo así en mi infancia. Tal vez por haberlo compartido con mi padre que murió cuando yo era muy joven. El teatro de revistas era una de las salidas obligadas del sábado a la noche en casa. Con enorme regocijo he recuperado algo de aquella guarangada en esta pieza. Y en verso -cosa vieja- para más gusto. Siempre he trabajado con cosas viejas e inútiles. Creo hasta la manía en ese generoso capital en pátina que cobran las cosas obsoletas: en ese valor agregado, esa capa sutil que genera sentido sin deformar al objeto. Que habla arriba de él tapando con su murmullo la zona más idiota de la literalidad. Y si algo no tiene pátina, claro, se la produzco. A lo nuevo se le ve siempre la etiqueta. Hace unos años nos hicimos con mi mujer una casa (aramos dice siempre el mosquito burgués). Cómo soportar la idea de la casita flamante aborreciendo lo impecable, lo que no es capaz de pecar. La arquitectura parece haber apostado por la eterna juventud. Materiales prácticos, inexpresivos. Casas que pretenden mantenerse iguales a sí mismas. No envejecer. Antes de poner las tejas las bañamos con un poco de brea en querosén. Un cazamugre perfecto. La roña las decoró en un par de semanas. (¿se entiende que el tiempo pinta con el pincel de la lluvia, el color de la suciedad y el arañazo del uso. Que lo que se deposita siempre es mugre, y lo que raya es herida, pero cuando subraya el carácter del objeto o la incidencia de la luz, lo llamamos pátina y es maravilloso?). Había una pirca en el jardín que soportaba la tierra de un desnivel. Medio pretenciosa en su artificiosidad escenográfica. Era de piedra, claro, pero se le veían los piolines por todos lados, el cemento chorreadito. La pinté a brocha con tres litros de yogurt y en un par de días el musgo parecía ancestral. Amo el musgo. La gente lo saca de sus jardines. Yo lo cultivo. Pongo piedras sobre la tierra en los lugares umbrosos para protegerlo de las pisadas. Alguna gente piensa que yo soy raro. O que me hago. Lo raro es el césped sintético, no jodamos. Escribo musgo también. Materia poco prestigiada. A la pradera dorada de trigo prefiero -en lo textual- el patinoso socavón de verdín.

La puesta
Siempre que se juntan sobre el escenario el viejo payaso blanco y el tony se reproduce el mecanismo hilarante más efectivo: el del sarcástico soberbio, bello y poderoso, versus el idiota feito. El cinismo contra la ingenuidad. Toda la dialéctica de esta puesta está montada sobre la hipótesis de esta relación entre el payaso blanco -el Niño Argentino- y el Tony -el peón- que no estaba desarrollada en el texto original. Se nos reveló en ese espacio exquisito e insólito del ensayo. Nos venía desvelando la dificultad de resolver en un código verosímil la enorme cantidad de apartes que tiene el texto. Todos en boca de El Niño. Para justificarlos de alguna manera le pedí a Mike que le hablara a un público imaginario, y allí en la oscuridad de la sala de ensayos, jodiendo entre nosotros, empezó a crecer una imagen, cada vez más sólida, cada vez más exigente, cada vez más cómplice: la patota de siniestros niños del Club del Progreso. Los alegres hijos del poder. Anchorena... Iraola... Guerrico... Tres perdularios huecos y perversos que festejaban ruidosamente desde la platea las penurias del Muchacho y las groserías del Niño. Y claro: qué otra forma mejor que la del sarcástico clown blanco para excitarlos con su ironía carnicera. Ese primitivo stand up comedian que se atreve en su poderío a violar sin miedo la cuarta pared y hablarle al público en la más promiscua complicidad. Y a hacernos reír sacando lo peor de nosotros mismos: la alegría frente al débil abusado. "El clown blanco tiene que ser malo. Abofetea. Es el burgués -dice Federico Fellini; tal vez el ojo más lúcido sobre el tema- Maravilloso, rico, poderoso. El rostro blanco, espectral; frunce sus altaneras cejas perfiladas, la boca señalada por un único trazo, duro, antipático, frío, desigual. Siempre rivalizando por conseguir el traje más lujoso. Los augustos (los tonys entre nosotros) son en cambio una imagen subproletaria de la corte de los milagros. Los desnutridos, los deformes, los marginados. Los que son capaces tal vez de revueltas pero nunca de revoluciones. El pueblo siempre los ha tratado con confianza porque por su miserable condición siempre ha sentido cierta familiaridad con lo espantoso." Pocas cosas le entraron a la puesta más justo que estos párrafos de Fellini. Todo en nuestro trabajo terminó ajustado a ese modelo

La música
Veníamos trabajando con Carmen Baliero en busca de un código para la música. Saltábamos de la idea original: una banda militar deformando todo con su patética marcialidad, a zonas más íntimas, más cabareteras. La decisión como todo por acá la terminó tomando al final la metáfora. Gonzalo Domínguez venía con su acordeón y acompañaba los ensayos. Un día trajo su serrucho (instrumento de balneario si los hay) y un kazoo. Y todo se armó en nuestras cabezas de un segundo para el otro: el excéntrico musical, la atracción habitual de los varieté de principio de siglo, el hombre orquesta, con su jazz al hombro, haciendo melodía con lo más irreverente: una herramienta de trabajo frotada y una cornetita (despreciado por cualquier músico serio, el kazoo ni siquiera es instrumento sino su parodia oral); ¿habría instrumentos mejores para esta bufonada?

El reestreno
Se dice por ahí que las sucesivas temporadas debilitan un espectáculo. Me gusta pensar todo lo opuesto: que lo robustecen de manera feroz, que lo califican por fin con esa curiosa sabiduría cotidiana que el actor va incorporando en su laburo cartonero función tras función. Es sabido cómo se morfan al artista las expectativas inevitables y mundanas que toda obra supone. Cuando los premios posibles los ganaste, o ya sabés que nunca podrás ganarlos; cuando la crítica ya dijo lo suyo -bueno o malo- y cada uno reconoce adentro lo que ha hecho sin esperar -como solemos hacerlo- que te lo digan de afuera; cuando el público ya opinó con su presencia y no hay que "hacerle fiestas" perrunamente para que se vaya contento, entonces, y solo entonces, gana el espectáculo ese estado de feliz salvajismo, de bárbara falta de especulación que lo vuelve auténtico. Como cuando uno con una copa de más se anima a decir de pronto -por fin- lo que siempre quiso y nunca dijo, así suelen relajarse deliciosamente las obras con el paso del tiempo y decir su verdad sea cual fuera. Brindo entusiasmado por el vértigo de esta nueva temporada.

LISTA DE PREMIOS Y NOMINACIONES DE EL NIÑO ARGENTINO

200 representaciones -- 35.000 espectadores -- 20 Premios -- 38 Nominaciones

Premio Clarín Espectáculos Mejor Espectáculo del Circuito Oficial 2006
Premio Clarín Espectáculos Revelación Masculina a Mike Amigorena 2006
Premio Asociación Cronistas del Espectáculo Mejor Dirección 2006
Premio Teatro del Mundo Mejor Dirección 2006
Premio Teatro del Mundo Mejor Dramaturgia 2006
Premio Teatro del Mundo Mejor Actuación Masculina 2006 a Mike Amigorena.
Premio Teatro del Mundo Mejor Vestuario 2006
Premio del Espectador 2006. Escuela de Espectadores del CCC a mejor actuación masculina a Osqui Guzmán
Premio del Espectador 2006. Escuela de Espectadores del CCC a la Dirección y Dramaturgia
Premio del Espectador 2006. Escuela de Espectadores del CCC a mejor actuación masculina a Mike Amigorena
Premio Teatro XXI Mejor Obra Dramática
Premio Teatro XXI Mejor Actuación Masculina a Mike Amigorena
Premio Teatro XXI Mejor Escenografía
Nominado Premios ACE Mejor Escenografía 2006
Nominado Premios ACE Mejor Actuación Masculina 2006 a Mike Amigorena
Nominado Premios ACE Mejor Actuación Masculina 2006 a Osqui Guzmán
Nominado Premios ACE Mejor Actuación Femenina 2006 a Ma. Inés Sancerni
Nominado Premios Teatro del Mundo Mejor Escenografía 2006
Nominado Premios Teatro del Mundo Mejor Música original 2006
Nominado Premios Teatro del Mundo Mejor Coreografía 2006
Nominado Premios ACE Mejor Iluminación 2006
Nominado Premio Clarín Espectáculos Mejor Dramaturgia 2006
Nominado Premio Clarín Espectáculos Mejor Dirección 2006
Nominado Premio Clarín Espectáculos Revelación Femenina Ma. Inés Sancerni 2006
Nominado al Premio María Guerrero al Mejor Actor Osqui Guzmán
Premio María Guerrero al Mejor Autor Argentino
Premio Florencio Sánchez al Mejor Autor Argentino
Premio Florencio Sánchez Mejor Actor de Reparto Osqui Guzmán
Premio Florencio Sánchez Mejor Música Original
Nominado al Premio Florencio Sánchez Mejor Dirección
Nominado al Premio Florencio Sánchez Mejor Actor Protagónico Mike Amigorena
Nominado al Premio Florencio Sánchez Revelación Ma. Inés Sancerni
Premio Trinidad Guevara Mauricio Kartun Mejor Autor
Premio Trinidad Guevara Carmen Baliero Mejor Banda de Sonido
Nominado al Premio Trinidad Guevara Luciana Acuña y Luis Biasoto Mejor Coreografía
Nominado al Premio Trinidad Guevara Gabriela Fernández Mejor Diseño de Vestuario
Nominado al Premio Trinidad Guevara Héctor Calmet Mejor Creatividad Escenográfica
Premio Argentores Mejor Texto Teatral Temporada 2006/2007

Este espectáculo formó parte del evento: VI Festival Internacional de Buenos Aires
Este espectáculo formó parte del evento: La reconstrucción del hecho





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