Lunes, 07 de Noviembre de 2016

De Pablo Bontá

Un director franco-argentino, consagrado internacionalmente, va a montar el Cyrano en una sala oficial de Buenos Aires.
Un actor narigón de teatro independiente, desconocido nacionalmente, quiere protagonizar el Cyrano y de ser posible con el vestuario que usó en la antológica puesta el gran actor Ernesto Bianco.
Varias audiciones. Un resultado incierto.
Para el consagrado director, tal vez, su último espectáculo en Buenos Aires.
Para el desconocido actor, quizás, la oportunidad de un efímero reconocimiento.
Una necesidad de exorcismo a través del humor de los sinsentidos del teatro oficial.

La obra tuvo varias razones para ser escrita: la necesidad de generar un espacio placentero, novedoso y de juego par la compañía que ya lleva 16 años de existencia, la prominente nariz de mi socio Héctor Segura y su deseo irrefrenable de emular en esta ocasión a Ernesto Bianco, la alegría de volver a trabajar con un actor del talento de Enrique Iturralde y recrear ese famoso dúo (famoso tan solo para nosotros tres, obviamente) que hizo de las suyas en `La pérdida de los nombre` y por último, una forma de exorcismo a través del humor de los problemas que suele atravesar un actor proveniente del teatro independiente al trabajar en el circuito oficial.

3 NOMINACIONES A LOS PREMIOS ACE 2010
Mejor espectáculo/ Mejor dirección/ Mejor actor.

Duración: 75 minutos
Clasificaciones: Teatro




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