Lunes, 31 de Octubre de 2016

De Armando Discépolo

Anselmo es un porteño de gran fortuna que vive sumido en la angustia porque se siente espantosamente feo. Siempre rodeado por un séquito de amigotes y sirvientes que se mueven en torno a su universo: un universo en caída libre, ya que -esta vez- Anselmo se ha enamorado perdidamente de Muñeca, una hermosa mujer que no le corresponde. Ella no busca -como otras- su dinero, y lo ha dejado, se ha escapado y no aparece. Chiquilín, el servicial y noble criado, Enrique, el joven protegido y querido de Anselmo, Mora, su par y amigo y el resto de la patética corte la buscan entre farra y farra para consolar a Anselmo. La alienación, el alcohol y la sordidez precipitan los hechos y los dados lanzados desde la traición conducen a un destino irreparable.

Cuentan las directoras sobre los ejes de la puesta

El desafío de la propuesta es llevar al límite los procedimientos del grotesco. La hipótesis de que el grotesco es una estética que actualiza lo que Nietzsche denomina dionisíaco surge en el marco del proyecto de investigación radicado en el Departamento de Artes Dramáticas del IUNA "Posibilidad e imposibilidad de lo trágico en el teatro contemporáneo". Discépolo en Argentina es el principal referente de esta estética y Muñeca es uno de los textos más extraños de su producción. Bajo la influencia de Pirandello y todavía con lejanos resabios del sainete, Muñeca nos ofrece un cuadro de situación en el que combaten y conviven ricos y pobres, lindos y feos, hombres y mujeres, fuertes y débiles. No sólo eso, estas polaridades también conviven en cada personaje. En nuestra idea de puesta reforzamos la expresión de la superposición de los contrarios en la actuación, en la escenografía y en el espacio, en la iluminación y en la música (que será original). Buscamos descentrar y correr cada unidad para mostrar multiplicidad de voces, homenajear a Discépolo y al mismo tiempo detectar formas cristalizadas de la sociedad porteña, su queja evasiva, su omnipotencia devenida impotente y el fracaso, en el amor, en la política y en lo cotidiano, ofreciendo una instantánea al público, un espejo distorsionado de sí mismo.
El espacio escénico es la casa de Anselmo, pero la casa se extiende fuera de la sala hacia el hall, los pasillos y las escaleras del teatro. El público queda integrado a distintos sectores de la casa, haciendo que algunas situaciones se desarrollen entre los espectadores. Los personajes de "la Farra" -el grupo de invitados permanentes que como una caravana de cambalaches habitan la mayoría del tiempo los espacios- circularán, durmiendo o ensimismados o flirteando unos con otros. De este modo se refuncionaliza el fuera de escena, clausurando en este grupo una muestra exponencial de la sociedad porteña.
En cuanto a la actuación, seguimos con la misma idea de unir en lo patético los opuestos haciendo contrastar un alto nivel moral con una apariencia fea o, por el contrario, la belleza que se empaña con actitudes y gestos viles. Buscamos actualizar además la cuestión de género reforzando la imagen del desprecio por lo femenino hasta la saturación. La dirección de actores pretende llevar al límite la línea realista y congelar al borde de la máscara la expresión del dolor, el amor, la crispación o el miedo. Para ello aceptamos el desafío de un desdoblamiento temporal que se dé en el cuerpo del actor, desdoblamiento de un pasado mítico de tango y fracaso y un presente que aún siendo heredero de él ha superado algunos aspectos, como por ejemplo la profunda melancolía y la misoginia referidos ambos en Muñeca.
Este desdoblamiento mostraría un descubrimiento: el tipo social no es la realidad, somos personajes de una época, máscaras y espíritus que no logran encontrarse, el espectáculo alterna entre la carcajada y la desolación sumando una última ironía: la unidad entre el llanto y la risa, la muerte y la vida.

Clasificaciones: Teatro




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