Jueves, 23 de Junio de 2016

De Enrique Papatino

Del autor - Prefacio

Hubo un tiempo en que los hombres miraban al cielo. Sumidos en el ostracismo medieval, lejos del ritmo que luego impuso la tecnología,alzaban la vista a las estrellas. Buscaban allí desde la explicación de su existencia hasta el anuncio de los hechos en su futuro cercano. Hoy hemos perdido aquel modesto hábito. Sin embargo, al caer el sol, todavía hay veces en que lo alarmante del infinito nos deja arrobados hasta la mudez. Esta es la historia de unos hombres que miraban al cielo. Sus mentes viajaban a los astros y, posándose en ellos, contemplaban nuestro mundo azul y de apariencia serena.Y extasiados por la inmensidad, la vida les pasó de costado.

Enrique Papatino

Del director - Reflexiones para una puesta en escena

La puesta en escena de SOMNIUM constituye un intento de plasmar en el espacio, con los recursos del engranaje teatral, un juego basado en los conceptos de finitud e infinito, en la exactitud y el absurdo del movimiento del universo, en los caprichos del tiempo y el espacio. El textodescribe, en tensión dramática,el encuentro entre Johannes Kepler y Tycho Brahe. Al recorrer las situaciones y susdiálogos, puede fácilmente inferirse que la dedicación al conocimiento y la vida fútil son casi el mismo rumbo que podrían tomar las vidashumanas sin que la eternidad siquiera tenga en cuenta el esfuerzo por perseverar en cualquier intento.La divinidad parece inalcanzable y el diablo nos ignora. ¿Dónde está el centro y cuál esla periferia? ¿Cuáles son los límites?
Cuatro actores, pertenecientes a cualquier tiempo,se agotan en la práctica de un oficio sin importancia ni destino:viajeros del imaginario que ensayan dar una forma poética al sin sentido de la vida.

Enrique Dacal

Johannes Kepler
Johannes Kepler nació el 27 de diciembre de 1571 enWürttemberg (Alemania), en el seno de una familia de reducidos ingresos. Murió el 15 de noviembre de 1630 en Regensburg. Fue discípulo de Michael Maestlin, que lo introdujo en la teoría de Nicolás Copérnico. Kepler aceptó inmediatamente la teoría copernicana al creer que la simplicidad de su ordenamiento planetario tenía que haber sido el plan de Dios.En 1594,en Graz (Austria), elaboró una hipótesis geométrica compleja para explicar las distancias de los distintos planetas al Sol. Publicó un tratado titulado Mysterium Cosmographicum en 1596. La parte principal de la obra se dedica a la justificación de las distancias de los planetas al Sol. El razonamiento de Kepler es bien simple: en el espacio tridimensional, sólo se pueden concebir cinco cuerpos regulares cuyas caras sean polígonos regulares iguales entre sí. Como los planetas son seis, resulta lógico deducir que sus órbitas estén contenidas en esferas alternativamente inscritas y circunscritas en tales cuerpos. En 1600 se convirtió en ayudante del astrónomo danés Tycho Brahe, en su observatorio de Praga...

Tycho Brache
Nació en Knudstrup, al sur de Suecia (entonces parte de Dinamarca) y murió en Praga en 1601. Estudió leyes y filosofía en las universidades de Copenhague y Leipzig, en Alemania.La soberbia de su carácter le llevó a la situaciónde perder la nariz en un duelooriginado en una encarnizada discusión sobre un problema matemático. Brahe acumuló más datos que en todas las demás mediciones astronómicas que se hicieron hasta la invención del telescopio. Sin instrumentos, excepto una esfera y un compás, consiguió detectar graves errores en las tablas astronómicas de la época y se dispuso a corregirlos. Sus observaciones a simple vista tienen un error menor de 4' de arco. Sus precisas observaciones de Marte llevaron a Kepler a desentrañar la verdadera naturaleza de las órbitas planetarias, con el abandono de los movimientos circulares...

El sueño
Kepler murió dejando inconclusa su obra Somnium (El sueño). En esta, publicada en 1634, relata lo que dice fue un sueño que tuvo: Un islandés se entrevista con Tycho Brahe para informarse acerca de la Luna. El hombre, inquieto e insatisfecho, busca otras fuentes de conocimiento: la magia y el espiritismo. Su madre es bruja, y además, dice conocer un demonio que habita ese lugar al que los brujos llamaban Levania, la Luna. El islandés, maravillado con los relatos de su madre, se obsesiona con conocer personalmente la Luna. Entonces decide que la mejor forma de llegar a Levania es ser transportado por un espíritu, que aprovecharía la sombra de la Tierra durante un eclipse. Tener alas no serviría para llegar a la Luna, porque el aire de la Tierra no llega a la Luna...





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