Sábado, 01 de Marzo de 2014

De Juan Mayorga

Se trata de una obra de autor español, alumno dilecto de José Sanchis Sinisterra y de Marco Antonio de la Parra. No obstante su juventud (nació en 1965) tiene ya una extensa producción dramatúrgica y docente.
El conocimiento de la obra en Tucumán se da coincidiendo con las representaciones en España que, con singular éxito, continúan desde noviembre del año anterior. Nuestra ciudad toma asi contacto con uno de los más significativos representantes de la dramaturgia actual.
Helena Pimenta, a cargo de la puesta en escena de la obra en el último Festival de Otoño de Madrid, decía:
La lectura de una redacción escolar sobre el fin de semana, escrita por un chico de 17 años, va a transformar la vida y la mirada de un profesor de 55, desengañado de su oficio y de sus afectos. El impulso del joven, su fuego, le devolverán los sueños perdidos y reavivarán en él contradicciones y viejas frustraciones. Será la literatura, su pasión compartida, lo que dará origen a una intensa relación maestro-alumno en la que el guía se convertirá en guiado. La mirada del muchacho sobre el mundo que le rodea será nuestra mirada, la del público. Vital, inquisidora, crítica, lúcida, transgresora, precipitada, centrada en el presente, nos ofrecerá una visión de la realidad que el mundo adulto, en su pasividad y autocomplacencia, olvida con frecuencia.
Desde la condición de voyeur, de gran ojo, que le otorga el narrador, el espectador conocerá las pequeñas vidas de tres familias, las fantasías que cada individuo se ha forjado y de cuya realización será testigo. Como ya es habitual en la escritura de Mayorga, la ruptura del tiempo y del espacio provoca la acumulación de situaciones, de experiencias y de conflictos propia de la época en la que vivimos. Los personajes de El chico de la última fila se desenvuelven entre el drama, el erotismo y el humor para ofrecernos una radiografía de nuestro presente, ocupado por pequeñas historias que construyen nuestra gran historia
”.

Por su parte, el propio autor expresaba en el programa de mano de Madrid: “He escrito una obra sobre maestros y discípulos; sobre padres e hijos; sobre personas que ya han visto demasiado y personas que están aprendiendo a mirar. Una obra sobre el placer de asomarse a las vidas ajenas y sobre los riesgos de confundir la vida con la literatura. Una obra sobre los que eligen la última fila: aquella desde la que se ven todas las demás”.