Miércoles, 26 de Octubre de 2016

París, mayo de 1978. La habitación de un hotel. La magdalena. El sudaca. El 303. El mudo. La cama. El puñal. La nueve milímetros. El teléfono.
¿Para qué más? cuando se trata de ocultar la esencia del conflicto. ¿Porqué resolver rápidamente la intriga? ¿Porqué encontrar ya la punta de la urdimbre?
En 60 minutos el espectador tiene la posibilidad de entender, cada uno a su modo, la razón del drama, aunque a los personajes les llevó un tercio de sus vidas. "En esta obra regreso otra vez a temas que me interesan, el poder, el silencio y el error. El poder exige silencio, el silencio obliga a conjeturar, la conjetura produce el error. El poder multiplicador de un mínimo error puede resultar inmenso en sus resultados a lo largo del tiempo porque el vacío que produce la falta de certezas nos convierte en fabricantes de supuestos".
Esos personajes cometen el error y "los errores se pagan caro, pero ¿cómo actuar cuando el blanqueo de sus oscuridades puede costarles la vida? ¿Cuántas veces resulta preferible ignorar quién es el otro si creemos que solamente será un pasajero olvidable en nuestra historia? El problema surge si el otro no es tan pasajero y nosotros no lo somos para él. Es el planteo en la cama del `sudaca' a su amante".
Al autor y director no le resulta fácil hablar anticipadamente de una trama basada en medias tintas, en indicios inconexos, en intrigas, "sin correr el riesgo de descubrir el origen del conflicto y dejar al espectador sin posibilidad de enterarse por sí mismo, porque -cosa extraña- nuestro espectador es el único que puede verlo todo y ser testigo ineludible y mudo del trasfondo de cada personaje. Entonces, de mi parte, silencio".
Si un objeto muy grande de forma irregular es observado por muchas personas ubicadas en círculo a su alrededor, la opinión de cada una de ellas estará basada en la porción que pudo visualizar. El objeto es uno pero los puntos de vista son diferentes. La tragedia argentina de mediados de los setenta puede mirarse desde innumerables lugares. Yo elegí al escribir `Ultimo tango sangriento' la ficción alimentada de datos históricos, por lo cual no me sentí en la obligación del rigor exigido al investigador, preferí imaginar, suponer, intuir, conjeturar, yuxtaponer, crear una ecuación de realidad improbable y ficción posible cargada de incógnitas.
"Es poco probable que dos sudamericanos, desconocidos entre sí, se hallan encontrado accidentalmente en la misma habitación que Bertolucci utilizara para su `Ultimo tango en París', pero es una fantasía posible que esos dos sujetos acepten tomar el camino de los personajes del filme. Puede o no ser probable que un sordomudo ocupe un lugar dentro de una cadena de mandos. Es factible y también puede no serlo que `el 303' no sea un Peugeot.
"Un puñal -finaliza- no siempre está en las manos más siniestras, pero a veces lo está. Una 9 milímetros con su cargador completo quizás no logre cumplir su objetivo, pero no es probable que las trece balas se inutilicen por falta de uso. El amor puede llegar a tener alguna chance pero no está en su esencia la seguridad de tenerla. No siempre los miserables terminan impunes pero jaurías enteras se van sin pagar".

Clasificaciones: Teatro




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