Sábado, 12 de Noviembre de 2016

De Laura Valencia

La obra nació durante una muestra de fin de año, a fines de la década del ‘90. Por entonces coordinaba un curso de actuación en La Fabriquera. Trabajábamos sobre la narrativa de John Cheever y, en especial, sobre sus diarios que, publicados tras su muerte, condensaban más de cuarenta años de vida del escritor. Se cree que ellos fueron el insumo para sus escritos de ficción y que no pensaba publicarlos. También se cree que fueron los materiales para modelar su propia vida. Dos o tres años antes de morir, Cheever comenzó a insinuar la intensión de publicarlos. Una noche de enero se los enseño a su hijo mayor. Mientras este los leía, él escuchaba llorando, a su lado. Cuando terminó, le preguntó a su hijo si le habían gustado: la respuesta lo entusiasmó. La idea de publicarlos creció aún más; no obstante, Cheever sabía que eso no debía suceder hasta después de su muerte: la familia quizá no iba a tolerarlo. Aquella vez, al elegir estos diarios como material de investigación, lo hice sin pensar demasiado; el libro me lo había regalado un maestro y director de teatro, y lo entendí como una invitación a zambullirme en la traducción de la literatura al teatro, modalidad que ya me estaba definiendo a la hora de crear. Elegí este grupo para el desafío. La construcción de la dramaturgia y la apropiación de la «esencia cheever» nos capturó. Los diarios inundaron La Fabriquera. Los recuerdos de su vida deambularon durante más de un año por toda la casa. Cuando estrenamos, gran parte de la obra sucedía, no solo en la sala, sino también en el patio, a veces bajo la lluvia y a la vista del público, que se guarecía bajo techo. Ensayamos distintas posibilidades escénicas. La retomé, quizá, para recuperar el tiempo pasado. Cuando vendimos la originaria casa donde funcionaba La Fabriquera, sentí que quería revivir un encuentro conmigo, con la que fui y regresar al lugar donde fui feliz. La obra de Cheever supone una trama circular. Para mí, volver a hacerla es, de algún modo, reeditar esa trama en la que todo retorna; es volver a estar en aquel patio de La Fabriquera, oler aquel jazmín de diciembre, escuchar el paso del tren, que corría a unas cuadras, acariciar a un gato que ya no está… y aquella gente, y aquel elenco, y Diego Madoery, el músico, ahí, en el jardín, hasta la madrugada. EXPULSADOS fue estrenada en La Fabriquera en el año 2000, ganó el Concurso Municipal de Teatro (2001) y participó de distintos ciclos de teatro de la ciudad de La Plata. La obra dejó de estar en cartel en el año 2003 (no lo recuerdo bien); y hoy, después de 10 años de estreno, el elenco vuelve a reunirse.

Este espectáculo formó parte del evento: Retrospectiva, un recorrido por los 15 años de La Fabriquera

Duración: 50 minutos




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