Martes, 25 de Octubre de 2016

De Guillermo Arengo

Circuitos para gente artificial cuenta a medias la última etapa de la vida de una pareja de septuagenarios industriales, dueños de una planta embotelladora, lúcidos creadores que supieron imaginar una de las marcas de gaseosa líder en el mercado. Tras más de cuatro décadas de hipnótico sinfín de botellas movidas por cintas transportadoras, El Control y Nena buscan ahora formar una familia:

Imaginan UN PERRO y convocan al Pittbull. Un animal pensado en el laboratorio. Portador de una genética diseñada con una fina inteligencia y brutal agresión. Va a hacer las veces de mascota pero sobre todo va a cumplir el rol de motor y control en la producción industrial de botellas.

Imaginan UN HIJO y convocan al Grupo Agresor. Conjunto de seis jóvenes altamente competitivos, que dan encarnizada lucha demostrando que sus perfiles son aptos para ocupar el rol. Nena los observa mientras fuma ansiosa. Se encariña. Con todo el grupo se quiere quedar. El Control los evalúa. Compensa el entusiasmo de su mujer:

El Control:Tranquila Nena, trabajá la paciencia. Primero hay que probarlos y después elegir.

Imaginan UNA CASA EN LA PLAYA y proyectan en la pared una foto del mar. Todos sentados frente a la foto la observan. Vacacionan. Señalan y repiten al unísono: “La naturaleza es así”.

En el universo de Circuitos…todo parece ser el resultado de la especulación del pensamiento; del trabajo en continuo en un espacio sin tiempo; de siglos de compleja construcción civilizada. Donde basta que se imagine para que exista, que se piense para que lo pensado tenga valor. Donde hasta la naturaleza de la violencia del estallido es entendida y utilizada como energía para la producción.

Clasificaciones: Teatro




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