Martín Seijo, es un artista multifacético. Tiene un blog llamado El Gran dios Brown dedicado a discutir y difundir teatro. Junto a Claudia Mac Auliffe creó, hace tres años, la Subasta de Objetos Disfuncionales, en la que se subastan objetos inventados sin ningún tipo de funcionalidad. Por otra parte, ambos se dedican a hacer prensa de teatro. Reflexionando sobre las condiciones para hacer teatro hoy, el interés en producciones singulares y muy efímeras, arriesga a experimentar con una obra que no tendrá ningún ensayo y se realizará por una única vez: Experiencia agónica.

"No existe, en efecto, ningún medio correcto,
considerando el conjunto más o menos divergente de las concepciones actuales,
que permita definir lo que es útil a los hombres." George Bataille.


-¿Cómo llegaste al teatro?

-Vengo de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA. Allí, conocí a mi mujer Claudia Mac Auliffe y es por ella que empecé a interesarme por el teatro. Hice cursos de actuación, primero en el Centro Cultural Ernesto Sábato y después con Mariana Obersztern. También comencé a vincularme al teatro, desde otro lugar, ayudando a Claudia a hacer prensa.

-¿Por qué comenzaron a dedicarse a la prensa?
-Nos interesó porque vinculamos el teatro y la comunicación y eso nos gusta. Igual tenemos poquitas obras, por lo tiempos que manejamos. Nos dedicamos mucho en cada caso y cobramos acorde a lo que puede pagar un elenco. Además, es una necesidad de las obras el hecho de tener cierta difusión. Si vos tercerizás ese servicio, eso te libera y podés dedicarte más profundamente a otras áreas ligadas a lo artístico. Uno le pone tanta energía a cada proyecto que quiere que le vaya bien. Sin embargo pienso que, aunque puedas llevar a todos los críticos a ver una obra, el boca a boca sigue siendo lo significativamente vital. El punto es cómo hacer para que el espectáculo se vaya retroalimentando de público. En este sentido creo que los elencos nunca deberían dejar de hacer su trabajo de difusión más casero, acompañando lo que pueda hacer un agente de prensa. Aparentemente hay mucha oferta de obras, pero la cantidad de gente que puede llegar a ir al teatro, no termina de ser la cantidad necesaria para que todas esas obras tengan un público asegurado durante una determinada cantidad de tiempo. A veces las obras son buenas y sin embargo no enganchan gente.

-Es un circuito pequeño...
-El tema es cómo abrir ese circuito. Igual creo que hay gente pensando cosas acerca de cómo modificar la situación. De hecho esto se habló en las reuniones de El Colectivo Teatral, cómo abrir las obras a más gente en vez de estar éstas dirigidas siempre a los mismos. Cómo abrirse a un público más masivo. Habíamos pensado en hacer una especie de censo, para tener datos más precisos y a partir de eso comenzar a trabajar en profundidad.

-Es notorio el caso de los grupos de teatro comunitario que frecuentan otros circuitos y realmente tienen muchísimos espectadores.
-Sí, es que en la capital hay una concentración en determinados teatros y todos queremos estar en ese circuito, cuando hay salas más alejadas que incluso no completan su programación. En barrios más periféricos hay también público que se puede llegar a captar. Ni hablar de salir de gira. Cuando alguien logra ir afuera, se llenan las funciones. La idea sería buscar otras variantes. Habría que pensar por cada proyecto algunas preguntas e intentar responderlas antes de estrenar. ¿Cuánto tiempo puede estar esta obra en cartel? ¿A qué público le puede llegar a interesar? ¿Cuál sería el gancho? Pensar de una manera tal vez más publicitaria, en un punto, pero en función de cuidar el propio proyecto.
La experiencia que yo tuve de teatro fue de ensayar dos años y estar dos meses en la sala La Tertulia. El tiempo de ensayo, en función del tiempo que estuvo la obra en cartel, no se compensó para nada. Esto me hizo pensar en que conviene encauzarse a otras alternativas. Por ejemplo, pensar, como en el caso de Experiencia agónica en únicas funciones de un determinado espectáculo o evento.

-¿Ya venías trabajando en esta perspectiva?
-Con Claudia habíamos empezado a hacer la Subasta de Objetos Disfuncionales. Es una subasta que se hace es determinados días. Hicimos seis. Las dos primeras eran de temáticas libres, las posteriores de temáticas diferentes para cada una. Hicimos subastas de objetos de placer, objetos del ego, objetos de la patria y objetos de navidad. En la de Navidad había objetos para que no se muriera de calor el Papa Noel en Argentina.

La idea era vender un objeto que fuera creado para determinada función, pero cuya composición o hechura, tuviera lago que diera la idea que no se podía utilizar. Todo objeto que no se compraba se distribuía al final de la subasta. Los objetos son de lo más insólitos. Yo realicé una especie de educador del habla de las personas, que se llamaba ME.PU.LE (Método de Purificación del Lenguaje). Mediante una grabación y determinados objetos, el educador hacía que fueras limpiando de tu oralidad todas las muletillas del lenguaje. El "esteeee", el "bueno", o "qué se le va hacer", eran corregidos por este objeto. Era un instrumento un poco de tortura, que incitaba a no repetir la muletilla. Claro que en todo esto no hay ningún cientificismo, sino que son más bien pavadas. Arranca en un precio base y hay un actor martillero que va llevando la subasta y se realizan presentaciones que hace cada vendedor (actor o persona) de su objeto, hasta subastarlo. Cuando terminan las presentaciones se disfruta de una merienda acorde a la temática del evento.

-¿Esta experiencia la ubicarías en el campo de lo teatral?
-Tenía mucho de teatral, aunque participó gente que no es de teatro. Iba todo tipo de público. Las personas que participaban armaban una idea, realizaban el objeto y la presentaban en público tratando de venderlo. Descubrimos con Claudia que nos gusta hacer objetos desde el reciclaje, ya que no tenemos ningún tipo de habilidad. Así que lo que hay aquí son ideas y motivos. Esto tiene alguna vinculación, si se quiere, entre el mundo plástico medio snob y la mercancía, y la defensa del actor argumentando algo que no tiene argumentación posible, ya que son pavadas las que vende.
Este año la editorial Libro Disociado Editores coordinado por Enrique y Paula Banfi nos propuso sacar un libro sobre esa experiencia. Todos los objetos tienen un soporte escrito y un CD con imágenes. Por suerte venimos realizando un registro fotográfico de los objetos, en principio por amigos y en los últimos encuentros por un fotógrafo profesional.

-¿Por qué les interesó trabajar en propuestas que se realizaran por una única vez?
-Un poco por lo que comentaba acerca de la desilusión de ensayar dos años y poner la obra sólo dos meses, y además porque yo en la semana trabajo y por lo general no tengo tiempo para encarar proyectos de larga duración. También nos dimos cuenta de que estábamos acostumbrados de toda la vida a producir encuentros, charlas, sketches o actos escolares. Empezamos con esto de Subasta de Objetos Disfuncionales hace tres años y nos gustó la mecánica de preparar algo con anticipación durante una buena cantidad de tiempo y sumarlo para una única vez. Creo que también nos ha influido el concepto del filósofo George Bataille sobre el "gasto improductivo". Son ideas vinculadas al dinero. La Subasta... tiene que ver con las ganas de gastar en algo que no tiene ninguna funcionalidad ni tampoco la va a tener. Es gastar por el hecho de gastar o por premiar el trabajo del actor que presenta el objeto. Quieras o no, el dinero hoy por hoy le pone el valor a la mayoría de las cosas y la idea es generar un corrimiento de eso. Mirar el dinero de otra manera, como objeto que no sólo es un fin en sí mismo, sino que puede ser tomado a la broma , al gastar cincuenta pesos para nada. Son objetos que tampoco tienen cierta información o determinada elaboración de mercado, sino que son productos únicos, tienen, si se quiere, un aura, ya que nadie los va a reproducir en una línea de montaje de ningún tipo. Son anticapitalistas en su concepción y vos los podés comprar, dándoles, de esa manera, una funcionalidad. Porque la idea es que ese objeto comprado adquiere funcionalidad. Si no, prefiere morir. Claro que la gente que va no piensa en esto. Piensa en divertirse, en comprar y en tomar la merienda. Es como una tarde para pasarla bien. Pero bueno, si alguno lo asocia, buenísimo. A nosotros nos motiva pensar en estas cuestiones y en el hecho de actuar presentando los objetos. En la última Subasta que estaba referida al tema de la patria, realicé un objeto que era una mini empresa de postales argentinas. Claudia me sacaba fotos en diferentes estatuas con los próceres y así armaba imágenes e historias que iban detrás de cada tarjeta. Lo que sucede en el proceso de elaboración del objeto está muy bueno, aunque no se vea.

-¿Cómo llegás a Experiencia agónica?
-Al hacer esto de la Subasta fui tomando conciencia de lo que veníamos haciendo. Hacer algo un solo día y agotarlo, nos pareció una mecánica de trabajo interesante. Después, comenzamos a pensar en creaciones, especialmente desde esta mecánica. Así, creamos un espectáculo que se llama Trágico stand down, que es un contrario al Stand up. Queríamos generar el llanto en las personas, también era para hacerlo una única vez, aunque después lo hicimos dos veces, porque había mucha gente que quería verlo. Cada actor escribió su texto de tono trágico, pero la gente se reía en vez de llorar. Estuvimos dos o tres meses trabajando para agotar toda la energía ahí. Hacerlo por una única vez genera también una energía diferente en el público. Juega también con lo efímero y lo frágil del hecho teatral. Si fallaste, fallaste, ya que no hay otra función posible.
Paralelo a esto comencé a trabajar en la idea de Experiencia agónica. Me gustó muchísimo la novela de William Faulkner, Mientras agonizo. Me pareció muy teatral. La idea fue convocar a diez actores a través de un mail donde se los llamaba a participar con un personaje definido y se les decía también que tendrían que ensayar en soledad y que esta experiencia se haría por una única vez. Podían aceptar o no la propuesta.

-¿Desde dónde dirigís?
-La expectativa estaría en cómo dirigir sin juntarse. Entonces voy a dirigir, pero por otro lado. Dirijo a través de la escenografía, del vestuario, de la utilería, los objetos, el sonido y el audio. Esos son los elementos a través de los cuales voy a intentar sugerirles a los actores por dónde tienen que ir. Queda un margen de libertad que puede generar en el actor la parálisis total o la acción exacerbada. Hay que ver cómo reaccionan los actores. Yo armé pequeños desafíos dentro de la propuesta. Un desafío general, que es poder contar la historia, y pequeños desafíos, porque algunos tienen una especie de monólogo y otros, en cambio, tienen que intercambiar diálogos, tener objetos, realizar un recorrido. Tienen que sostener algo sin ensayo.

-¿Convocaste actores que ya conocías?
-En esta primera experiencia sí. En una segunda, si es que la hago, me gustaría que fueran totalmente desconocidos. Les envié un mail que lo firmé La Producción. Después de que aceptaron, se fueron enterando de que era yo, porque intercambiamos algunos mails más. Me encontré una vez con cada uno, porque quería hacerles una pequeña entrevista filmada que voy a utilizar al momento de la función. Pero no les bajé línea de cómo tenían que actuar ni nada. Además, ellos entré sí no se conocen. Se va a conocer una hora antes de la función, porque tampoco estaría bueno que se juntaran ellos solos y ensayaran. No podemos develar los nombres si sale esta nota antes del domingo. También es interesante ver qué pasa con qué cada uno trae su formación, su escuela de actuación y ver la fricción que se puede generar.

-¿Se sabe que los motiva a estar en esta experiencia?
-El día de la entrevista les hice tres preguntas: ¿Por qué aceptaste? ¿Cómo te preparaste o entrenaste para este evento? ¿A qué le tenés miedo arriba de un escenario? Por las respuestas que me dieron, a la mayoría le pareció muy interesante la propuesta y cómo espectadores dijeron que les gustaría ver algo así, que tienen miedo, pero que al mismo tiempo les genera mucha intriga probar si son capaces de hacerlo. Algunos dijeron que le da mucha adrenalina a la actuación esta situación generada forzosamente, que por ahí en una obra tradicional no está. Les enganchó por ese lado.

-¿No te parece que este tipo de experiencia tiene más sentido desde el lado que los producen que desde el lado del espectador?
-Puede ser. El público que va a ir es público de teatro, y creo que ver algo que tiene que ver con experimentar o ver si es un mito el oficio del actor, puede interesar. Igual creo que el público es el que dirige las obras, sepas de teatro o no. El que mira ya empieza a condicionar al actor. Vos podes controlar y ensayar, pero cuando estás presentando algo, esto se transforma con el público. Le da mucho sentido a lo que les pasa a los actores.

-¿Por lo general es en los ensayos en donde se conforma un imaginario en común, un código en común, hasta una poética de dirección ¿Dónde quedaría esto?
-Creo que el imaginario se va a armar en el momento con lo que se genere con el público, que es el que finalmente se apropia del espectáculo. La primera reacción colectiva consensuada que se genere espontáneamente es lo que va a movilizar hacia determinado lugar. Si bien el texto apunta hacia algún lado, cada actor tiene una hipótesis y se va a comprobar en la escena misma.
La estética de la escenografía va a ser muy clara y va a ser asociada enseguida a algo. Esto se me ocurrió leyendo a William Faulkner, porque el sitúa sus novelas en lugares creados muy concretos. Hasta algunos libros vienen con el mapa de los lugares. Se puede asociar a algo muy brechtiano o a la película Dogville, por ejemplo. Voy a poner pocos objetos, para que no enloquezcan. El vestuario es de campesinos del sur del año veinte en Estados Unidos, muy simple. Va a estar todo, tiene hasta público, sólo tienen que ir a actuar. Me encantaría poder pagarles también.

-¿Hay reemplazos?
-No. Y si no van, no van. Espero que no pase...

-¿Te interesa la idea de poner dificultades, si se quiere como un Lars Von Trier en Las cinco obstrucciones?
-Me interesa el tema de los desafíos porque me gusta que a una obra de teatro no le comience a crecer el moho. A veces las obras son víctimas de la misma saturación del teatro. Creo que en algún punto comienza a aparecer un parecido cuando hay muchas obras trabajadas de la misma manera o con las mismas modalidades y la misma forma de producción. Esto se ve en el escenario y creo que genera un desgaste en el espectador también. ¿Si existe el oficio del actor para qué ensayar? Si poseés determinadas herramientas, como en cualquier otro oficio, ¿se necesita ensayar? Es una pregunta que abro, no es una respuesta. Éste es un evento que sirve para hacerse preguntas.