Domingo, 04 de Enero de 2015
Jueves, 01 de Abril de 2004

Argentinitis Aguda

Por Karina Mauro | Espectáculo Argentinitis aguda
De todas las cosas que, se dice, el 20 de diciembre de 2001 supo conseguir, quizá sea la más prolífica la legitimación de cierto tipo de discurso. Se trata de aquel que eleva por sobre todos los males a la corrupción, y que demoniza a los políticos como responsables de todo lo que nos aqueja. Si bien esta puede parecerle a algunos una explicación superficial de nuestros padecimientos, lo cierto es que gran parte de la sociedad está de acuerdo con ella. Argentinitis Aguda es un espectáculo elaborado por y para estas personas. La tesis que lleva adelante es la existencia de un país maravilloso, con amplias posibilidades naturales, con un pasado glorioso y con un presente nefasto, provocado por los pícaros que buscan el provecho personal a costa del bien común. Este popularizado diagnóstico de la realidad nacional, en el que se mezclan el patriotismo y la bronca, las ganas de ser y la desilusión de lo que no se logra, es el andamiaje sobre el que se montan todos los elementos y recursos teatrales, discursivos y hasta televisivos de los que está hecha la pieza. Casi un monólogo, la obra intenta una personificación de la República Argentina en el cuerpo de Jessica Schultz (quien ofrece un buen desempeño tanto actoral como musical). La Argentina se presenta como una mujer madura y desgastada por el exceso de enfermedades crónicas, lo cual origina la proliferación de todo tipo de chistes verbales y juegos de palabras resultantes del choque entre el discurso médico y el análisis político que propone el texto dramático. Las enfermedades propuestas son los partidos políticos, los militares, nefastos personajes particulares, hechos de nuestra historia reciente y, en definitiva, ese mítico ser nacional tan difundido, que extiende las características porteñas al resto del país y denuncia al argentino como artífice de sus penurias. Es exacta la caracterización del país como un enfermo desconcertado e indefenso que sólo busca un médico / padre que lo cure. Esto se vislumbra tanto en las críticas a todos (de ahí el reclamo de que se vayan) como en la santificación de la figura de Favaloro como aquel que pudo ser la respuesta y no fue escuchado. Sin embargo, este cuerpo patrio lleno de achaques se revela como incapaz de curarse a sí mismo sin esperar recetas milagrosas. De la misma manera que se revela mutilado en la descripción que propone el autor y en la que no falta ninguna de las provincias o zonas del país más ricas (o mejor dicho más famosas), mientras se niegan aquellas olvidadas de siempre. Entre las herramientas que la obra utiliza se destaca fuertemente la apelación al público. Recurso siempre riesgoso y adrenalítico, es utilizado “sin red” por la protagonista, quien puede manejarlo aunque no sin generar algunos baches. Otro elemento es la canción, lo cual implica la irrupción en el escenario del músico Gabriel Sincler, autor del texto y creador de la mayoría de los temas musicales. Luego del homenaje a Favaloro, se desarrolla otro monólogo en el que la Patria se presenta vestida y maquillada como una prostituta inmersa en un carnaval carioca y en el que el público se ve obligado a participar como cómplice. Aquí se pasa de la denuncia al diálogo directo con personalidades de la política “descubiertas” en la platea, lo cual vuelve a generar chistes y juegos verbales. Luego de la fiesta y ya para finalizar, vuelve a presentarse la Argentina con su aspecto convaleciente y vuelve a imponerse la reflexión, que concluye con la actriz despojada del maquillaje y el vestuario que la caracteriza, cantando un mensaje esperanzador. Argentinitis Aguda resulta un buen compendio de los discursos de la calle (o de ciertas calles de ciertos barrios), conformado por pasionales denuncias y pícaros chistes creados entre cacerolas y resúmenes de cuentas bancarias acorraladas.
Publicado en: Críticas

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