Sábado, 03 de Enero de 2015
Viernes, 01 de Abril de 2005

¿Somos nuestros genes? Ensayo de divulgación científica

La incertidumbre. No es fácil saber lo que uno va a ver: un congreso científico, una obra de teatro, una jornada sobre genética. La respuesta está en un lugar intermedio. Rosario Bléfari y Susana Pampín decidieron sorprendernos con una “obra científica”, al estilo de lo que vimos últimamente en Buenos Aires como Copenhague o El dragón y su furia. Pero esta vez con una cuota muy efectiva de humor que ayuda a llevar a nuestra vida cotidiana la muy complicada terminología científica que tiñe la pieza. Entramos a la sala, se apagan las luces y como corresponde al avance tecnológico no son los actores los que salen a nuestro encuentro, sino que es una gran pantalla ubicada a la izquierda del escenario la que se enciende. Estamos en Buenos Aires, año 2020. Un médico les da a sus pacientes los resultados del análisis de su mapa genético; las consecuencias son devastadoras. Como un video didáctico introductorio, éste da pie a la aparición de los tres actores que, interpelando al público, harán de la función una conferencia. La puesta es sencilla; además de la pantalla hay en escena un escritorio con lápices, cuadernos, etc., tres sillas, una barra con bebidas alcohólicas y dos banquetas. Es difícil tener un tiempo definido ya que la iluminación y los trajes de los científicos nos remiten a una puesta futurista, pero el vestuario del resto del elenco y los elementos de la barra nos anclan en el presente. Casi se podría decir que estamos en una obra contemporánea pero sin tiempo. Nuevamente la incertidumbre es la clave: no estamos muy seguros de que sea presente o futuro, pero por ahora tampoco importa. La dramaturgia es muy buena, con lo suficiente como para aprender y divertirse sin caer en obras del tipo que (todos recordaremos alguna) tuvimos que sufrir en la escuela. Pero lo sorprendente es la capacidad actoral del elenco. Hace poco recordábamos lo difícil que es encontrar en Buenos Aires actores que sepan decir un texto, por lo que nos alegra tropezar con profesionales de la talla de Javier Lorenzo y las mismas Pampín y Bléfari quienes están a cargo de los parlamentos más complicados. También es muy original el uso del video (realización a cargo de Julia Masvernat y Dina Roisman), ya que cumple múltiples funciones. Desde presentarnos testimonios hasta acompañar los parlamentos con imágenes explicativas, que a veces de tan aclaratorias son sumamente graciosas. Pero es constantemente la relación entre ciencia y teatro lo que se nos cruza por el pensamiento. Que el arte tome temas científicos parece hoy en día abrir un campo de posibilidades poco explorado, al igual que cuestionar a la ciencia desde el campo del arte. El teatro siempre dialogó con los conflictos e imaginarios sociales pero, hasta hace unos diez años, no lo hizo de manera muy fecunda con las ciencias duras. Sin embargo, obras como estas, nos muestran que no sólo es posible sino que además da muy buenos frutos. Por eso podemos asegurar que esperamos ansiosamente la tercer entrega de estos ensayos de divulgación científica (la primera fue Somos nuestro cerebro), mientras tratamos de dejar de reír un rato para poder escuchar atentamente lo que nuestros tres científicos conflictuados tratan de explicarnos.
Publicado en: Críticas

Comentarios





e-planning ad