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Foros > HABLANDO DE TEATRO....

#1 Sawedal Publicado el 25/10/2002 a las 13:10:01 Algunos talentos...

Ultimamente, a través de este sitio, me he relacionado con personas de todo tipo, entre ellas, las que tienen talento, pero no lo cultivan. No adecuadamente.
No voy a dar nombres, para no ofender o correr el riesgo de que puedan sentirse heridas.
Pero he leído cuentos que, aunque no sean del estilo que me agrada, tienen una hilación, profundidad y consistencia que, si manejaran mejor la palabra escrita, tendrían una calidad editorial de las mejores épocas; de aquellas en las que el dueño de la editorial era un literato y sólo publicaba aquello que consideraba bueno.
Similar me ha ocurrido con obritas de teatro. Escenas sueltas, contundentes, que sólo quedan en eso: escenas sueltas. Su autor no intenta desarrollar más el tema. Intenta con otra cosa similar, generalmente denuncia o un grito interior.
Hoy, bajo la ducha, que me refresca las ideas (no canto; y si, me baño), vinieron a mi mente dos de estas personas e inmediatamente las asocié con aquellos que están en una piscina, sujetos al borde todo el tiempo y, si lo sueltan, sólo nadan un par de metros para regresar. Pero nunca hacen un "largo" entero. La inseguridad es más fuerte. La inhibición. El temor de que el agua de la crítica los ahogue.
Si bien hay quienes se consideran LO talentosos y producen cosas espurias, la diferencia la juzgará la historia en el tiempo.
Perdón si peco de soberbio, pero me podré de ejemplo:
De niño y adolescente, me creía un grande de la literatura al momento de escribir. El tiempo y las críticas, me hicieron cambiar de opinión en mi primer época de adulto. Pasé poco más de ocho años sin escribir absolutamente nada literario, menospreciando mi capacidad, que había enriquecido, leyendo a los clásicos o grandes obras recomendadas. Había llegado a la conclusión de que era imposible decir algo que no estuviera ya dicho por otros y de modo impecable.
Sin embargo, una fuerza interior volvió renacida impeliéndome a escribir otra vez.
Infinidad de veces me resistí planteándome: ¿Qué? ¿Por qué? y ¿Para quién/es?
Finalmente, llegué a la siguiente conclusión:
El ser humano es el único animal que tropieza VARIAS VECES con la misma piedra. Por eso necesita de la insistencia, la reiteración renovada en otras palabras del mismo mensaje.
Cada estilo llega a un sector determinado. Los distintos estilos, entre todos, pueden llegar a toda la gente, a las diferentes mentalidades.
Por esta razón, aunque no me agraden algunos estilos "de los buenos" (los que no son meramente comerciales o pasatistas), les reconozco la importancia que tienen. Porque pueden llegar con su mensaje donde otros, yo entre ellos, no podemos.
En algún momento, escribí de la relación entre el teatro y la educación, mencionando que el teatro no sólo muestra o imita a la realidad, también invita a imitar los ejemplos que muestra, a tomarlos como "naturales" o "normales".
De ahí que no me canse de insistir en la responsabilidad que tenemos todos respecto de qué se dice al público, de lo que se muestra en escena. Porque no podemos ignorar que algunas personas, por más años que tengan, son inmaduras, al margen de la posición social y estudios que posean. He conocido y tratado con infinidad de eruditos estúpidos como para minimizar este detalle. Gente que se supone tiene una gran cultura y experiencia pero que, a la hora de razonar, de analizar contextos y contenidos, son incapaces de leer entre líneas libres de prejuicios o esquemas mentales.
Haber logrado una gran erudición en un tema, o una posición destacada y reconocida social o económicamente, no los hace sabios ni maduros, aunque la mayoría de la gente que los trate, así lo considere. ¿O por qué la pitonisa del oráculo de Delfos, le aseveró a Sócrates que era el más sabio entre los hombres? Justo él, que no era especialista en nada, aparte de vivir cuestionándose y replanteándose todo. Buscando otras posibilidades. Investigando cuánto acierto o error había en cada cosa o circunstancia que lo rodeaba. "Sólo sé que no sé nada", concluyó reconociendo que sus conocimientos eran ínfimos, en relación a lo que aún le restaba por aprender.
Cada persona trae consigo ciertas predisposiciones o talentos naturales. Esto es innegable. Se manifiesta desde temprana edad, aunque no siempre se lo reconozca. Pero el talento impele, obliga a intentarlo íntimamente. Y a la larga, quien no lo cultiva (porque hay que ejercitarlo, incorporarle la agilidad y dominio técnico que dan la práctica y experimentación), termina su vida amargado, con la sensación de haber dejado cosas inconclusas. Por haber priorizado la supervivencia o las imposiciones sociales, por sobre las necesidades interiores legítimas.
Insisto: Quien siente la necesidad interior, debe canalizarla, orientarla, darle forma. Experimentar aún lo que ya esté trillado y archi conocido. Para sentirlo en carne propia y, desde allí, poder re-crearlo. Hacer algo nuevo, desde lo viejo. (Como supongo que diría Javier Acuña: "Lograr el orden desde el caos", o desorden, que es la libertad de experimentar sin prejuicios adquiridos). Desde esta situación es desde donde se evidencia (o no) el verdadero talento. Y sólo la historia, en el tiempo, juzgará la trascendencia que merece en base a la verdadera calidad que posea una obra, al margen de las opiniones contemporáneas, que pueden estar a favor o en contra.
Claro ejemplo de ello, puede ser la vida y obra de Cervantes Saavedra, quien trascendió más por su célebre Don Quijote, que por la infinidad de otras obras que son casi totalmente ignoradas. El no pudo haber tenido a su alcance tantas posibilidades para lograr maestría en el manejo de la palabra escrita como nosotros. Los libros eran carísimos, al igual que los escasos y poco formados profesores. Sin embargo, intentó y perseveró, al margen de las incontables críticas opuestas que tuvo. Y trascendió más con su burla a lo que estaba de moda, que con lo que estaba "a tono" para aquella época.
Mientras tanto, hay que soltarse de los prejuicios y esquemas que son el borde de la piscina y largarse a nadar cada vez más lejos. Para corroborar que sí, se puede hacer algo más largo; experimentando estilos o formas para no agotarnos antes de llegar nuevamente al borde de la piscina. Con prudencia y libertad, se puede lograr el estilo más adecuado a cada uno. El tema es, repito: No quedarse aferrado a lo mismo. Pues nadie dirá (y logrará que lo obedezcan) "Pileta: Suelta a esa persona y déjala nadar".
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