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Daniel Miglioranza

Daniel Miglioranza (Carlos Keen, Luján, Buenos Aires; 19 de febrero de 1952), es un director y actor de cine, teatro y televisión argentino.

El sueño que no pudo concretar María Angélica Campero, lo cumplió su hijo. Fue tan fuerte la necesidad de expresión artística de su madre que Daniel Miglioranza no pudo esquivar ese camino. Y lo hizo propio, convirtiéndose en actor y disfrutándolo con vehemencia (ésa es una característica de este hombre que cuenta su historia como si se tratara de una novela de caballería). El actor es una de esas caras que la mayoría de las personas reconoce al instante aunque no siempre pueda asociarla a su nombre. Es que en casi cuarenta años de carrera, hubo de todo: Shakespeare, sainete criollo y Alfredo Alcón en teatro. Palito Ortega y Enrique Carreras, en cine. Y El Rafa , Los Benvenuto , Matrimonios y algo más y El elegido , en televisión, sólo por citar algunos trabajos.

“Carlos Keen es mi Macondo”, dice Miglioranza refiriéndose a su pueblo natal, cerca de Luján. En ese ámbito rural, curiosamente, empezó su relación con la actuación. “Mi madre, que tenía una mercería, me enseñaba recitados criollos ya antes de aprender a leer. Ella era una actriz frustrada, la dejaban ensayar, pero no representar porque era de putas. Y me pasó su pasión a mí”, recuerda. “Yo era la estrellita del pueblo, vestidito de gaucho y tocando el acordeón a piano. Igual, ella tuvo su revancha organizando festivales de teatro en los carnavales. Eran verdaderas fiestas”. Después, en Luján estudió teatro. “Y también hice sonido, luces, barrí los escenarios”. Por entonces, antes de que el pueblo decayera y volviera a renacer como polo turístico y gastronómico, el ferrocarril era uno de los ejes. Y Miglioranza lo aprovechaba como improvisado escenario. “En el tren de Luján a Carlos Keen abría las ventanillas de los dos lados y saludaba desde ahí porque todos salian a ver pasar el tren”.

Si Charlie tuvo su fábrica de chocolates, el niño Daniel tuvo una de dulce de leche. “Mi papá trabajaba en una y yo me hice adicto al dulce de leche”, confiesa. “Tanto como a los textos clásicos”. Antes, pasó cuatro años por la Facultad de Derecho, hasta que abandonó arrastrado por el escenario.

En 1975 recibió una llamada que cambió su vida. “Era Alfredo Alcón que me convocaba para hacer Panorama desde el puente , de Arthur Miller, dirigida por Carlos Gandolfo. Cuando atendí creí que era una joda de mis amigos”. Tenía veintipico de años y un horizonte prometedor. “Después, me la creí y vino el sopapo. Y tuve que empezar de nuevo en la pensión de la que había salido. El que me ayudó fue Palito Ortega, que me llamó para su película Brigada en acción . Y me volvió a poner en un lugar. Con altibajos, siempre pude vivir de esto y es una bendición. Fui afortunado en teatro: fui Romeo, Calígula, Yago”.

Recorriendo pueblos del país con En lo mejor de la vida , junto a Luis Brandoni, Miglioranza descubrió el poder de la televisión para instalar una imagen. “La gente me miraba como diciendo “ A éste lo conozco, pero ...”. Me pasa siempre. Después, con Floricienta me gané una nueva generación de espectadores. Tuve suerte. Cuando pensás que te van a olvidar, volvés”, dice.




Espectáculos en los que participó:


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