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Miguel Chavero

´╗┐Cuando insistentemente Chavero me pidió que escriba una descripción sobre su persona quedé paralizado, pues, a decir verdad, hay poco y nada que yo pueda decir sobre este artista. Por lo tanto, antes de comenzar a redactar estas palabras pasé largos minutos de meditación y reflexión frente a un blanco y rectangular océano, aparentemente infinito, encantador, inmenso, lleno de oportunidades, cuyo único habitante parecía ser una incansable barra perfecta, pequeña en comparación con el resto del universo que puebla la pantalla pero real, móvil, constante, viva. No cabía posibilidad alguna de que esa digital forma de vida cobre conciencia de repente y como una inteligencia artificial espontáneamente generada comience con mi tarea sin que yo tenga que darle instrucción alguna. De hecho, en el tiempo transcurrido desde que comenzó la afable ocupación de escribir estas palabras he confirmado mis sospechas de que no solo es imposible que esta barra cobre vida, sino que también es inviable contar con cualquier tipo de ayuda de su parte. No conoce adjetivos, no me recomienda sinónimos, no corrige tiempos verbales. Solo ejecuta con celeridad todo comando que se le instruye a través del teclado. Si bien, por ahora, es inasequible cualquier tipo de accionar autónomo de su parte, si por alguna razón los inescrutables designios de la providencia dotaran de discernimiento a esta amigable vara titilante es sumamente probable que desconozca las palabras compuestas por las letras que persiguen su inagotable andar, entre otras cosas, debido a su origen estadounidense. Es decir, esta barra ha sido creada por programadores norteamericanos que tal vez no dominan el idioma español con la fluidez suficiente como para inculcárselo a su creación digital. Aunque, de todos modos, si así lo hicieran, esa capacidad de estos trabajadores de la informática de transmitir la comprensión de una lengua foránea a una expresión gráfica en su computadora, sería igual de sorprendente que la aptitud de esta última de comprenderla. En consecuencia, así me encuentro desde hace un rato, solo y sin ayuda, sin poder eludir la compleja tarea de describir a Chavero.

En primer lugar, debido a la notable exigüidad de información respecto de este artista está de más subrayar su carencia de fama y dinero. Es inevitable destacar su permanente ausencia en los medios de comunicación masivos y su persistente lejanía de producciones comerciales despampanantes. No obstante, todas estas son consecuencias de su accionar sosegado y cansino en el mundo del teatro porteño. Su tozudez e integridad personal lo han llevado a encontrar en el arte un fin en sí mismo. Para él el arte cuenta de un valor absoluto, como la dignidad humana según Immanuel Kant quien sostiene que: “el hombre es un fin en sí mismo y no un medio para uso de otros individuos lo cual lo convertiría en una cosa”, o algo así, no sé, tal vez esta no sea una buena analogía. De todos modos, lo importante en este párrafo es lo que redactaré inmediatamente a continuación: A Chavero lo conoce realmente poca gente. Si bien son decenas de personas las que pueden jactarse de haber compartido con él algún taller de construcción del personaje, un seminario actoral o el montaje de una obra teatral en el circuito de teatro independiente y cooperativo de Buenos Aires, es tan solo un puñado de personas las que pueden presumir el privilegio de realmente conocerlo. Sin embargo, desgraciadamente y muy a su pesar, de aquellos pocos que lo conocen son todavía menos los que han pasado a formar parte de su vida y con quienes aún sigue en contacto compartiendo sueños, anhelando triunfos y deseando constantemente romper con sus propias limitaciones en la expresión teatral para crecer artísticamente y como personas, una tarea ambiciosa pero posible. De estos pocos, son todavía menos los que lo admiran y le guardan cierto aprecio, sin dudas, yo no soy uno de ellos.

En segundo lugar, les quiero confesar que fue lo primero que hice ante el vigoroso empecinamiento de Chavero en que sea yo quien me encargue de escribir estos cordiales párrafos. Una vez superado el mal momento de recibir este indeseable designio de su parte, puse manos a la obra y comencé a pensar en cómo resolver el dilema de escribir sobre algo que realmente no me complace y probablemente tampoco le interese al lector; me pregunté cómo haría para llevar a cabo una tarea tan desagradable y por la cual no recibiría compensación alguna. Estaba desorientado, perdido, desamparado. De repente, aquí, en el living de mi casa, mientras estaba tumbado en el sofá con mis piernas y brazos extendidos, la boca entreabierta, respirando firme y de tanto en tanto resoplando con fuerza y furor, mientras observaba a través del balcón las oscuras nubes que indican la proximidad de una tormenta, tuve la humildad suficiente de pensar en pedir ayuda, decidí no llevar a cabo esta tarea sólo. De este modo, pasé la última media hora (antes del momento de escribir) tratando de contactarme con gente que pudiera darme algún indicio que me sirviera para dar comienzo a mi cometido. Por consiguente, me comuniqué a través del teléfono con los prestigiosos teatros de la Avenida Corrientes solo para comprobar que por aquellos escenarios jamás habían oído hablar de un tal Chavero. Por aquel mundo pomposo, luminoso y adinerado del teatro comercial capitalino nadie lo ha visto, ni siquiera se ha escuchado hablar de él. Lejos se encuentra nuestro artista de los millonarios contratos que allí se firman, del asecho de los fanáticos, de las luces de las cámaras de televisión, de los flashes, las fiestas, las multitudes, de la inexorable patraña de la apariencia, de la soledad que tienen aquellos que solo encuentran consuelo en la adquisición de bienes materiales. Lejos está este hombre de la fama y el reconocimiento. Sin embargo, es feliz con lo que hace y con lo poco que tiene, no hay en el arte, según él, un medio para llegar a ninguna parte. Hacer arte es el medio y el fin, arte es placer, y punto.

Al cabo de unos minutos desistí de aquella faena telefónica tan improductiva como vergonzante, pero sin antes experimentar un hecho por demás curioso. Ya estaba cansado de las monótonas respuestas de mis insípidos interlocutores pero insistí, y después de una docena de llamados, descubrí que de aquel vasto universo teatral de “Calle Corrientes” sólo en un taller de actuación de un afamado “Maestro de Maestros” supieron reconocer el apellido. La dulce voz femenina de una adolescente colaboradora del anciano director, una joven ávida de cumplir con todo quehacer que su maestro le solicite, me explicó amablemente que la estancia de Chavero en dicho lugar fue fugaz, ordinaria y sin sobresaltos. Sin embargo, al finalizar el curso, se fue de allí adeudando el último mes. Inmediatamente, como un predador que decreta el final del asecho, empezó su inquisición, comenzó a preguntarme sobre el paradero del actor, sus datos personales e incluso solicitó conocer los míos. Luego, raudamente, intentó cobrarme a mí la deuda contraída por el artista. Le corté.

Por último, tengo la obligación imperiosa de contarles que en este momento exacto, en este espacio y este tiempo, ha comenzado a llover. Las gotas caen lentamente sobre una docena de plantas que habitan mi balcón, allí, sobre las hojas, se acumulan, se funden y se transforman en nuevas gotas que se deslizan sobre la verde superficie para luego volver a caer, esta vez al suelo, las segundas con menos velocidad que las primeras ahora se deshacen, se desintegran y quizás, ya nunca vuelvan a ser gotas. Estoy en un céntrico departamento porteño en la zona de Retiro y es Noviembre, por ende que llueva no es nada llamativo, una instancia climática posible en el marco de una primavera cada vez más parecida a un verano tropical, una de las tantas consecuencias del calentamiento global y el cambio climático, pero les confieso que acabo alzar la vista por primera vez desde hace varios minutos para darme cuenta de que mientras observaba la reencarnación de las gotas en las hojas de las plantas, de reojo estoy viendo cómo se moja una gran cantidad de ropa que se encuentra allí, en ese lugar, al aire libre. Esa ropa está ahí justamente con un propósito contrario de lo que está ocurriendo. Es decir, las prendas están allí para deshacerse de la humedad que contrajeron durante el lavado realizado por la máquina esta mañana. Esto no es lo planeado. Las gotas desaparecen completamente al hacer contacto con la tela, salpican un poco y en seguida se transforman en manchas un poco más oscuras que el color de la superficie que tocan, toman diversas formas expandiéndose desde el centro situado en el lugar exacto en que la gota tocó por primera vez la tela. Un espectáculo majestuoso que más allá de su idílica belleza conlleva una indeseable consecuencia: Que la ropa vuelva a mojarse. Tengo que salir, rescatarla y ponerla a resguardo de esta inclemencia de la naturaleza, de lo contrario aquella inapetente tarea de tenderla hubiera sido en vano.

Al volver la vista a lo escrito, me doy cuenta que ha superado ampliamente la extensión que este tipo de texto requiere. De hecho, tengo la seria sospecha de que sea demasiado largo. Quién hubiera pensado esto posible cuando hace unos minutos estaba paralizado, inmutable frente al recio y constante aparecer y esconderse del cursor. Menos mal que no recibí su ayuda, creo haber hecho una buena tarea por mi cuenta. Aunque, quién sabe, tal vez, este cursor sepa más de Chavero que yo.


MIGUEL A. CHAVERO (CV)

Argentino, 31 años de edad

Domicilio: CABA

E-mail:

FORMACIÓN ARTISTICA

2016 Seminario de Actuacion en Comedia, Escuela de Arte de Cecilia Maresca

Docente: Maria Eugenia Heyaca

2015 Seminario de actuación, Estudio de Augusto Fernandes

Docente: Augusto Fernandes

2014/13 Actuación, Timbre 4

Docentes: Ines Cejas, Manuel Vignau

2014/13 Seminarios de Actuación de Lili Popovich

Docente: Lili Popovich

2013/10 Formación Actoral, Escuela de Arte de Cecilia Maresca

Docentes: Cecilia Maresca, Gaston Rodriguez

EXPERIENCIA PROFESIONAL ARTISTICA

2016 Sueño de una noche de Verano, de W. Shakespeare, dirigida por Maria Eugenia Heyaca, en Il Teatrino

Demetrio


2016 La Puerta, de Rafael Calomino, dirigida por Rafael Calomino, en Il Teatrino.

Inspector Bonaldo


2015 Cucha de almas, de Rafael Spregelburd, dirigida por Armando Saire, en Espacio Urbano.

Alfredo Andonaegui

2015Una libra de Carne, de Agustín Cuzzani, dirigida por Eduardo Lamoglia, en il teatrino.

Abogado defensor

2015Mucho Ruido y pocas nueces, de William Shakespeare, dirigida por María Eugenia Heyaca, en il teatrino.

Don Pedro

2015Niños en tinieblas, de Hector Alvarez Castillo, dirigida por Mariela Jerez, en Liberarte.

Robin

2014Panorama desde el puente, de Arthur Miller, dirigida por María Eugenia Heyaca en il teatrino.

Rodolfo

Desde 2014 Miembro del Elenco estable de la Escuela de Arte de Cecilia Maresca, il teatrino.

OTROS CONOCIMIENTOS:

Licenciado en Relaciones Internacionales, Universidad del Salvador (2013)

Inglés bilinüe


Espectáculos en los que participó:


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