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Batato Barea

Nace en Junín, provincia de Buenos Aires. En 1968 se traslada con su familia a Buenos Aires donde continúa sus estudios primarios. Inicia la escuela secundaria en el colegio Nuestra Señora de Luján, una institución de los hermanos Maristas, donde su madre espera que adquiera la vocación religiosa. Sin embargo, termina el secundario en un colegio comercial donde egresa como perito mercantil en 1978. Desde muy joven asume explícitamente su homosexualidad. A partir de 1978 se establece definitivamente en Buenos Aires para vivir solo, primero en pensiones y luego en un departamento. Ejerce diversos trabajos como camarero, taxi boy, cadete, vendedor de salames y masajista. Desde pequeño muestra interés por el teatro. Comienza su formación de actor en 1979 con Marta Berretain en la Asociación Cristiana Femenina de Buenos Aires. Más tarde, estudia con Lito Cruz (1980-1981), Víctor Mayol y Enrique Dacal (1982-1983). También toma cursos de entrenamiento vocal y danza jazz. En 1980 realiza el servicio militar obligatorio, experiencia que recuerda como “muy desagradable”. Al año siguiente, se suicida su hermano Ariel. Comienza sus incursiones en la escena ya en 1978, aunque sus primeros trabajos no influyen demasiado en la constitución de su carrera futura. Entre 1982 y 1983 participa de varios espectáculos disímiles, entre ellos, Romeo y Julieta, junto a Guillermo Angelelli y Jean Pier Noher. Interviene como actor titiritero del grupo Marionet en El circo y la vida, espectáculo presentado en el Teatro Presidente Alvear, y como asistente de dirección de Calígula de Pepe Cibrián, donde conoce al bailarín Fernando Arroyo, con quien luego funda Los Peinados Yoli. Paralelamente se desempeña en publicidad. En 1984 estudia clown con Cristina Moreira, quien tiene una influencia determinante en su concepción teatral. Continúa su formación con Raquel Sokolowicz. Además, intensifica su asistencia a cursos de distintas disciplinas como flamenco, danza contemporánea, barra à terre, formación vocal y acrobacia. Durante este año colabora en la obra Gasalla en terapia intensiva junto a Antonio Gasalla, quien le ofrece conectarse con el teatro comercial. Simultáneamente, comienza a presentar números escénicos en distintos espacios de la vida nocturna. Así, participa en el espectáculo El simposio, junto a Vivi Tellas y Jorge Gumier Maier y forma parte, junto a Divina Gloria, del ciclo Sábado a la noche en el Centro en el Centro Cultural San Martín. También realiza presentaciones callejeras en la plaza de San Isidro. En noviembre participa con el grupo Hello, Dolly –integrado además por Alejandra Flechner, Gerardo Baamonde, Olkar Ramírez, Daniel Casarmeiro, etc.–, del Tercer Encuentro de Lenguaje Corporal organizado por el Ministerio de Cultura y Educación de Mendoza. En abril de 1984 actúa por primera vez con Los Peinados Yoli, agrupación que renueva la estética teatral a través del varieté y los monólogos. Conformado en principio por Patricia Gatti, Fernando Arroyo y Mario Filgueira, se suman luego Divina Gloria y Rony Arias. El trabajo del grupo, que se prolonga hasta 1987, parte de la parodia y la comicidad, explotando el vestuario, los peinados y la proximidad con el público. Sus miembros se autodefinen como clowns decididos a transmitir alegría. Hacen hasta cuatro shows por noche, mezclando danza, teatro, mimo y números musicales ligados al rock, todo organizado a partir de una estructura de varieté que Batato continúa desarrollando en años posteriores. También en 1984, Barea conforma El Clú del Claun junto a aquellos que asistían a los cursos de clown que dicta Cristina Moreira, como Carlos Lipsic, Hernán Gené, Guillermo Angelelli, Gabriel Chamé Buendía, Cristina Martí, Horacio Gabín, Gerardo Baamonde y Osvaldo Pinco. Trabajan juntos, en equipos improvisados, en distintas salas o espacios abiertos. De estas experiencias surge el nombre de Batato Barea. Los espectáculos más recordados del grupo son: Arturo (1985), Escuela de Payasos (1986), ¡Esta me la vas a pagar! (1986) El burlador de Sevilla (1988), La historia del teatro (1989). Entre otros, los dirigen Roberto Villanueva y Juan Carlos Gené y participan en numerosos festivales dentro y fuera del país. En 1985, Batato Barea actúa en Blanco, rojo y negro, de Cristina Moreira. Ese mismo año comienza a desarrollar una estética propia tanto en sus unipersonales como en su desempeño como director. Entonces trabaja con compañeros como Humberto Tortonese, Fernando Noy y Alejandro Urdapilleta. Sus obras mezclan el humor con la poesía de Pizarnik, Perlongher, Noy, Storni y Laiseca, incorporando además la realidad de la calle, lo bajo y lo marginal. Los perros comen huesos es su primer espectáculo sobre textos de Alejandra Pizarnik que se estrena en el Centro Cultural San Martín, siendo en principio prohibido para luego volver a escena. La controversia se había planteado por el pasaje en el cual Barea intentaba tragarse una ostia enorme, en cuyo revés estaba la frase: "Enemigos del pueblo: Monseñor Plaza, Zaffaroni y Aramburu”. Realiza varias obras en el Centro Cultural Ricardo Rojas, entre las que se destacan El recital de poemas, El puré de Alejandra, Irremediablemente, La desesperación de Sandra Opaco –realizada junto a travestis de murga–, y Los fabricantes de tortas, en la que actúa con Urdapilleta y que fuera seleccionada para la Primera Bienal de Arte Joven. Realiza unipersonales, sketchs y performances en discotecas como Cemento, el Parakultural, bares y centros culturales. Al mismo tiempo, continúa trabajando esporádicamente en publicidades y desfiles, además de intervenir en una película. Hacia 1987 es ampliamente reconocido por la comunidad teatral. Antes de su partida a Brasil, ese mismo año, es homenajeado con la despedida Bai Bai Batato, en el Parakultural. Dos años después se define como “clown travesti literario” en una pequeña autobiografía que solía presentar junto a su curriculum. En 1991 sabe que está enfermo, pero no lo dice. Hacia el final de su vida acentúa el componente travesti de su personalidad, luciendo flamantes senos y dejando en claro que estos no son una vergüenza sino una elección personal, corroborada en su espectáculo Todo menos natural. Días después de presentarse en el Festival Rioplatense de Nuevas Tendencias Teatroff de Montevideo, muere en diciembre de 1991 víctima del SIDA. Su última creación, La Carancha o María Julia, la carancha, una dama sin límites, es una sátira referida a la funcionaria menemista María Julia Alzogaray, ejecutada junto a Urdapilleta y Tortonese. Tras su deceso, se realizan documentales y videos sobre su vida y su labor teatral –en 2011 se estrena La peli de Batato, dirigida por Goyo Anchou y Peter Pank–, además de numerosos homenajes de sus colegas y amigos. Su figura se ha convertido en mito, y existe en la actualidad un museo, Batatópolis, en la que fue su casa en el barrio del Abasto. Su poética del pastiche perdura hasta la actualidad.


Espectáculos en los que participó:


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