Domingo, 11 de Diciembre de 2016

Opiniones sobre Pájaros Negros

  • Miércoles, 07 de Noviembre de 2001Pájaros Negros

    Bernardo (2)

    La representación teatral es una de las formas de la alucinación. Helena Bamberg y Lorenzo Quinteros tienen el poder de alucinar y de darnos placer en la alucinación. Un placer oscuro, estremecedor, pero placer al fin, si por placer entendemos deleite gratuito del Yo.

    En la tragedia de Marta y Beatriz no hay Otro ni Objetos. El Otro para cada uno de los dos personajes es su hermana, originada en el mismo vientre materno y en la misma simiente paterna y que lleva el mismo, atribulado sexo. El Otro no existe para ellas. Como tampoco existen los Objetos destinados, simplemente a ser destruídos o a ser usados como arma destructora. Para Uno no hay mejor Objeto que Uno mismo.

    Marta y Beatriz sólo tienen labios, cavidades, sistemas digestivos y del gusto. La leche -¿cuál? ¿de quién?- es una fuente de líquido cálido y agradable que recibe el bebé. Marta y Beatriz son una sola. La Otra no existe como tal, la Otra es un Objeto para su satisfacción, para su placer, Y al Otro varón -¡qué diverso!- sólo lo pueden masticar, deglutir para hacerlo entrar en el misterio de su Mismidad. Como cuando los pájaros no eran negros y cantaban.

    Las Instituciones, terceros en discordia, imponen la socialización al individuo desde el mismo instante de su nacimiento, a fuerza de separaciones, de abandonos. Abandono del vientre materno, de la infancia, de la cueva del hogar, de la aldea. La presencia del Otro que rompe esos circuitos cerrados sobre si mismos es un escándalo para el individuo. En la aceptación del Otro se juega el porvenir de las Instituciones, que no por ello no dejan de replegarse, también, sobre si mismas a la manera del técnico que juega con la omipotencia mágica de su pensamiento.

    Pero es en vano. Las significaciones imaginarias -¿sólo en este caso?- no articulan ni construyen el sentido del mundo de Marta y Beatriz. La clausura sobre si mismo se impone como un hecho irreductible, nostálgico, si se quiere, mitificando el paraíso perdido. En todo proceso de humanización, la deshumanización está presente, porque lo inhumano forma parte inalienable del hombre.

    Gracias a Helena Bamberg y a Lorenzo Quinteros podemos hacer este breve comentario.

    Bernardo Carey.
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