Miércoles, 07 de Diciembre de 2016

Opiniones sobre No hay mentira mia que dure fresca hasta las diez de la noche

  • Domingo, 17 de Septiembre de 2006No hay mentira mia que dure fresca hasta las diez de la noche

    Maria

    Esta obra teatral, muy bien interpretada, a mi gusto por la actriz, me ha hecho reflexionar sobre el sentido de la vida. No es que haya sólo un sentido, una dirección, un norte al que todos debamos llegar, alcanzar. Cada quien arma su proyecto de vida, pero también hay proyectos que pueden ser para la muerte. El caso de la protagonista comenzó siendo un proyecto para la vida: esperar. Esperar para mejorar, para sentirse bien. Luego, en el escenario se iba manifestando una espera, tan intensa, tan desgarradora y angustiante, que esa misma espera se tornó un proyecto en sí: y un proyecto que se había transformado en un proyecto para la muerte. La protagonista iba bordeando los límites de la razón. Era una espera paradójicamente desesperada: y cuando uno desespera, es que ya no se espera a sí mismo: y si uno no puede esperarse no puede verse más allá proyectado en el tiempo, por eso aparece la inminencia de muerte. Las diferentes escenas llevadas a cabo: ella en el colchón, ella mirando la tele, ella recordando, ella comiéndose las cintas como si escuchara siempre las mismas canciones y vomitando, hacen creer a la misma protagonista que el tiempo no pasa en vano, que se producen algunos cambios, cuando en realidad esos no son cambios desde el punto de vista aristotélico, sino movimientos. La protagonista se mueve de aquí para allá, pero la situación sigue siendo la misma, no se vuelve otra cosa. Es la metáfora perfecta de la locura, del aprendizaje pasivo de la realidad, de la conducta estereotipada y a repetición eterna. Algo así como una fatum, al modo de los griegos: un tiempo circular, cíclico, en donde uno no puede esperar más que lo mismo, una y otra vez. Un destino marcado, escrito, del que no se puede escapar. Todo eso vive la protagonista, bajo el nombre de "amor". Alguien que tiene que llegar y pocas veces llega, y el vínculo manifestado con ese personaje amado que no llega, se vuelve un vínculo fantaseado. Se relaciona casi con un fantasma. Y ese ya es el punto máximo en el que podemos relacionar amor, locura y muerte. La obra es esperanzadora, nos da un mensaje positivo. Cuando todo estaba previsto para que aconteciera el final, podríamos pensar en la muerte de la protagonista, porque ese camino no conducía más que eso. Ella hace un salto cualitativo y se da cuenta de todo. El tiempo deja de ser circular para transformarse en lineal. El proyecto deja de ser la espera, y con eso deja de ser la muerte el final, para pasar a ser un proyecto de vida: ya no más movimientos, sino un cambio. Una metánoia. Es decir: una conversión, un cambio de nous, de intelecto. Ver las cosas totalmente de otra manera. El cambio es dejar de esperar. El cambio es hacerse cargo de sí misma y vivir su presente. El cambio es encontrar un sentido de vida dentro de ella misma y no en los demás.

    María de las Mercedes Guidobono
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