
Hace dos años que vi esta obra. Y tengo muchas ganas de volverla a ver. La recuerdo como una de las grandes que vi en estos últimos años, junto a De Mal en Peor, Automáticos, La Omisión de la Familia Coleman.
Me preguntaba el porqué de esta nostalgia por la obra, y quizá la repetida caricatura que está haciendo el actual gobierno sobre los "oligarcas del campo", me hizo pensar en El Niño de Mike Amigorena. La famosa "anticipación" de los escritores/dramaturgos. No sé si Kartun pensó que en algún rincón -salvo el mental de las autoridades- existía todavía en el 2006 este personaje (que tuvo su cúlmine desde marzo del 2008).
Leí sobre la obra, me interesó su génesis.Jorge Dubatti en su libro señala que le llevaron a Kartun 7 años las distintas versiones. Amigorena en un reportaje señala cuánto hubo que achicar de esta obra, y aún para algunos (muchos?) resulta demasiado larga.
Al respecto de la duración, no creo que haya muchos ejemplos exitosos de obras dadas en el país cuya duración sea excesiva. No hay Orlandos Furiosos, no hay Peter Brook. Incluso algunos ejemplos de Spregelburd son solamente para un público valiente (y amigo).
Lo superlativo, lo mayúsculo tiñe toda la obra. Comenzando por la dramaturgia, el atreverse al verso pampeano, la actuación genial, la vaca, la escenografía. Todo habla de una búsqueda, de no repetirse. El trío en la obra (al igual que en La Madonnita) funciona perfectamente.
Otro ejemplo de una gran obra que comienza en un teatro oficial (afortunadamente) para luego poder seguir en teatros privados.