Lunes, 27 de Marzo de 2017

Opiniones sobre Feudo de Sangre

  • Viernes, 28 de Octubre de 2005Feudo de Sangre

    Hugo (2)

    Hola a todos. Quiero dejarles mis impresiones sobre
    "Feudo de Sangre". Hasta el presente, había tenido la
    ocasión de ver dos puestas clásicas de "Electra", con
    la salvedad de que una de ellas, muy "grotowskiana",
    había introducido algunas audacias escénicas. El mito
    y su expresión trágica, han tenido lecturas desde la
    Psiquiatría hasta las Ciencias Sociales, pero sin
    dudas la visión más rica se halla en la propia
    manifestación artística. Y "Feudo de Sangre" lo prueba
    ampliamente. Resulta muy feliz la adaptación que han
    llevado adelante. Ese diálogo entre el texto de
    Sófocles y la agobiante cultura del sometimiento que
    prevalece en el entramado social y político que nos
    incluye, es un gran hallazgo. En consonancia con esto,
    los personajes interpolan sus roles, los límites se
    desdibujan, las pasiones se revelan con un peso oscuro
    y brutal. Los victimarios se vuelven víctimas y
    viceversa, la sangre se derrama en círculos que se
    cierran bajo el peso turbulento de lo fatal. Es
    difícil saber en qué momento Clitemnestra, Electra u
    Orestes abrazan su impostura, porque tal vez no haya
    tal impostura. En este feudo, es la sangre la que rige
    los destinos porque solo esa sangre puede saciar la
    sed de poder ilimitado. En este feudo, es dónde
    podríamos afirmar que se observa en toda su crudeza
    "el abandono de los dioses" al que alguna vez hizo
    referencia Nietzsche. El punto cúlmine de esta farsa
    es la parodia de un juicio (¿final?), dónde los jueces
    son juez y parte, dónde los vientos de la muerte
    soplan desde el pasado y envenenan con sus vapores el
    vino de un brindis imposible.
    Permítanme un párrafo para los actores. No soy crítico
    teatral (¡Dios nos libre!) por lo tanto voy a
    hablarles del hecho estético puro, de lo que me
    transmitieron desde el escenario. La composición de
    los personajes, el rigor dramático, las expresiones,
    los silencios, los parlamentos, las emociones, todo lo
    que es esperable de un actor, ustedes lo han
    desplegado con la fuerza imperante del talento.
    Además, el juego de correspondencias entre los tres es
    muy potente, lo dicho y lo no dicho, las miradas que
    se cruzan o se esquivan, las pausas y sus abismos,
    todo confluye para que el espectdor no sea un simple
    receptor de imágenes vertiginosas. Es imposible no
    sentirse implicado, es imposible sustraerse a lo que
    se exhibe allí, ante los ojos que contemplan. Creo que
    en esto consiste la más fructífera participación del
    público, pero en todo caso eso es ya una impresión muy
    personal.
    La gestualidad de Orestes, la elasticidad expresiva de
    Electra, el magnífico equilibrio entre la sutileza y
    la furia de Clitemnestra, son virtudes artísticas que
    señalo, que puntualizo, pero que no son patrimonio
    exclusivo de uno u otro actor. De hecho, hay un
    trabajo muy profundo desde el gesto hasta la palabra,
    que comprende al grupo. Ví la obra dos veces. Sin
    embargo, no ví dos veces la misma obra. Mi tensión y
    mi atención no decrecieron en ninguna de las dos
    oportunidades. Quiero decir que me sentí sorprendido e
    interpelado en ambas ocasiones, lo cual es un mérito
    de la puesta, que en todo momento y pese a la densidad
    dramática de los hechos que se exponen, elude la fácil
    tentación del agotarse en un "mensaje políticamente
    correcto".
    He tratado de empujar a mis afectos, amigos,
    conocidos, familiares, para que concurrieran a las
    funciones. Observo, ustedes me dirán si mi percepción
    es errónea o exagerada, que hay una mirada pueblerina
    entre quienes somos vecinos de los Teatros
    independientes de la zona. Entonces, hay quién
    frecuenta gustoso espectáculos de la cartelera porteña
    - que francamente muchas, pero muchísimas veces son
    pobres y apuestan a una respuesta comercial antes que
    artística- pero se resisten a reconocer los innegables
    méritos de las obras de Nobles Bestias, el Mirador o
    los Diablomundo. Por eso quiero expresarles mis
    felicitaciones y brindarles mi total apoyo. Y
    fundamentalmente agradecerles por la excelencia y por
    el fino e intenso sentimiento con que asumen su
    vocación. Les dije que ví la obra, y no se extrañen si
    la veo nuevamente, de la misma forma en que leo y
    releo a Borges o a Walsh, o escucho a Serrat, Wagner o
    Pink Floyd incesantemente. La mayor riqueza del arte
    es la posibilidad de infinitas e infatigables
    lecturas. Les dejo un saludo emocionado a cada uno de
    quienes han encendido este goce, este enorme deleite:
    Verónica, Marcela, Pablo, Claudia,extensivo al
    sonidista Pablo.
    Algunos se preguntarían cómo una obra tan provocadora,
    tan irreverente y tan tempestuosa, puede despertar
    goces. Les contestaría con una frase de Martín
    Heidegger;
    "Todo lo grande está en medio de la tempestad"

    Un fuerte abrazo.
    Afectuosamente
    Hugo
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