Jueves, 08 de Diciembre de 2016

Opiniones sobre Circuitos para gente artificial (2)

  • Viernes, 15 de Abril de 2005Circuitos para gente artificial

    El (23)

    Me gusto mucho la singularidad del mundo presentado pero se torna demasiado delirante en el mal sentido porque todo lo que sucede no está sostenido desde ningún lugar, entonces lo que provoca es que cuando uno se instala y deja de lado la sorpresa y espera ver que pasa, no pasa nada y comienza a aburrirse.
    Creo que parte bien pero no se define, no hay verdadera desición de que se quiere decir.
    Hay textos muy logrados y algunas buenas actuaciones, el espacio está genial pero no pude entender, mas allá de la pintura.
    Hay una linea muy fina entre idea y ocurrencia.
    Saludos y a seguir!
  • Miércoles, 09 de Marzo de 2005Circuitos para gente artificial

    Escoba (24)

    Esta obra de teatro, cuyo autor no pretende “que hable de algo, sino que sea algo”, me pareció una suerte de delirio retrofuturista que ofrece al espectador una clara postura acerca del mundo tecnocrático que, insensible a catástrofes de todo tipo, aún seduce a muchas personas, particularmente a quienes detentan el poder y el control de los recursos económicos. En ese sentido me recuerda también un trabajo de otro autor (“Los Ríos”, creo que de Gustavo Tarrío) que vi, si no me falla la memoria, en la misma sala el año pasado.
    En efecto, tal como indica la gacetilla de prensa, Circuitos ... cuenta la última etapa de la vida de una pareja de obsesivos empresarios industriales de otra época: el hombre, que se llama a sí mismo “El Control”, es el inventor de una bebida; la mujer, a quien su marido nombra con un puerilizado “Nena”, es su compañera indeclinable, fiel sostén, sombra y, sobre todo, mirada... esa mirada crucial sin la cual nadie puede aceptarse a sí mismo como ser humano. El hombre requiere esa mirada y la alabanza, pero no por eso deja de ser un especulador inaccesible, ajeno a la ternura y a todo reconocimiento del otro que no sea utilitario y para el provecho de su industria.
    “El Control” lleva cuarenta años trabajando y no se resigna a jubilarse, a darse por satisfecho, no quiere vacaciones ni descanso y no piensa consentir a su esposa en el deseo de formar una familia, aunque en la medida que toma conciencia de la proximidad de su muerte, hace algunas concesiones que no llegan a cumplir con los deseos de ninguno de los dos.
    Personalmente entendí que Circuitos para Gente Artificial es una reflexión sobre el progreso y las nefastas consecuencias sociales e individuales del tecnicismo extremo.
    Los personajes hablan un lenguaje artificioso, las emociones –cuando afloran- resultan frías, mecanizadas, con un mínimo protocolo formal de pretendido y absurdo tecnicismo (por ejemplo, se habla de “manos programadas para acariciar”, de cerebros programables, de vacaciones en una playa televisada y “con música incorporada”). La comicidad de estas expresiones no ensombrece su certera inhumanidad, ni su cruda valoración cientificista (a propósito, por asociación indirecta sobre estos tristes usos del lenguaje y su carga ideológica invisibilizada, recuerdo a los vendedores que en el subte ofrecen “lápices con mina de grafito y goma de borrar incorporada”).
    La esposa, elegante, medida, dócil, es la contracara pasiva de su fabril marido. Ella carga con los desechos industriales y humanos –ni ella ni el Control pretenden otra cosa- y en cuanto su marido le obsequie el largamente anhelado momento de ocio, se convertirá rápidamente en un degenerado y horrendo cáncer, una excrecencia descontrolada de carne deshumanizada.
    Tanto en lo visual como en los parlamentos, alternan momentos de sutil poética teatral y otros de excesiva violencia física y simbólica, junto con relámpagos de comicidad absurda. Puede ocurrir que el impacto de estos mensajes invite al espectador a reflexionar acerca del mundo moderno, o solamente a sentirse incómodo y a resolver esta incomodidad por la risa.
    Las dos actrices que representan sendos coros, estáticas y llorosas a los costados del escenario y muy cerca de la primer fila de butacas, encarnan según mi parecer la culminación de uno de los varios procesos de degradación de la sensibilidad humana que están presenten en la dramaturgia de Circuitos para Gente Artificial. Otro, es la transformación de algunos personajes. Y otro más, el que acabará con la imaginación y la vida de El Control.

    El director y dramaturgo, Guillermo Arengo, señala que, respondiendo a lo que pretende comunicar, Circuitos... “tiene una línea de escape en relación a los cánones teatrales preexistentes –buen actor-actriz, registros de actuación permitidos-prohibidos, etc.- e intenta una poética que suene a todas esas voces distintas que conforman el grupo”. Considero que estos objetivos se logran y el mensaje llega al espectador, aunque puede requerir un análisis reposado, para evitar una indigestión semántica.
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