Sábado, 03 de Diciembre de 2016

Opiniones sobre Algo no cierra

  • Lunes, 15 de Diciembre de 2014Algo no cierra

    Adriana

    Algo no cierra
    Impecable el trabajo de actores y actrices, en un sentido de sofisticación. Por esto entiendo la variedad de ocasiones en las que demostraron solvencia en la interpretación: canto, baile, acción continua, multitud de personas en escena con roles intercambiables, simultaneidad de cine y drama con primerísimos planos muy elaborados, etc.
    El guión parecía sólo un esquema, como si los diálogos y la captación del momento hubiese sido dejado al arbitrio de cada intérprete. O, a lo mejor, está tan bien actuado que ‘suena como si’ fueran dichos en tiempo de actuación y no hubiese un estudio o ensayo previo de texto. La sensación es de ‘naturalidad’ y no se ve como forzada, sino absolutamente espontánea. A lo mejor de los múltiples ensayos se recortaron escenas donde los actores captaron la intención autoral y así se plasmaron. No lo sé. Sin embargo: se mantuvo la tensión expectante en todo momento, sin respiro.
    Hay evocaciones claras de fuentes europeas. Ejemplo: cine y teatro italiano. Las orgías romanas (vómito incluído) y su otro intérprete –Fellini– cargado en la espalda, uvas de fin de año (variedad arrugada: pasas de uva en envase plástico en vez de la frutita natural en copa de cristal), etc.
    El ‘sentido’ que filtra la intención dramática es angustiante. Revelan en cada encuentro sólo desencuentros. En medio de la fiesta con baile y canto, sólo violencia emocional y tironeos múltiples. Una angustia reconcentrada en los vínculos y no en el individuo. Una postura pesimista con respecto a todo vínculo humano: mensaje frustrante que interroga al espectador sobre sus atávicas costumbres de naturaleza errática. Todo empieza en indefinición constante y todo culmina sin definición. Empezar un nuevo año no cambia en nada a la humanidad.
    Un detalle que me pareció muy bien puesto: los actores e intérpretes no sólo tienen roles mutuamente renovables entre sí sino que sus roles se vuelven mutuamente intercambiables con los espectadores. Cuando se iluminaba la pantalla del cine todos ellos se volvían espectadores, como nosotros. Esta intercambiabilidad entre cine-teatro-vida me pareció creativa, susceptible de ser invitación para que los espectadores salgamos del rol pasivo y probemos ‘intercambiar’. Por esa cuestión todo siempre está ‘vuelto a empezar’. Nada se define sino que empieza de nuevo en cada vínculo, otro con otro, otra con otra, otra con otro, etc. Y espectador/actor y viceversa. A pesar de la frustrante continua indefinición que me lleva a pensar que el dramaturgo transmite el mensaje de la instantaneidad de todo vínculo: siempre acaban mal.
    Adriana Latashen

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