Jueves, 08 de Diciembre de 2016

Opiniones sobre Venecia

  • Martes, 24 de Febrero de 2004Venecia

    Rodolfo

    El sueño que viaja hasta su despertar

    Rodolfo Ceballos de El Tribuno



    El mundo milenario e histórico que tiene Venecia, capital de la provincia italiana Veneto, ha sido trasladado fielmente por el dramaturgo Jorge Accame a su texto teatral. "Venecia" aloja una atmósfera humana y contradictoria, igual que el tiempo de la ciudad flotante europea: un invierno suave y un verano caluroso.
    Esos dos climas venecianos están insertos en cada una de las escenas. El grupo "El Hucumar", dirigido por Alfredo Ferrario, los supo transcribir. La puesta -que se exhibió en el Teatro El Huerto- es demostrativa de una vivencia: la vida y la muerte están juntas, dialéctica que el filósofo Hegel tomó como los opuestos más cabales de la existencia.

    En Salta, suelen conocerse representaciones que pertenecen cada vez menos al director, cuando éste, al no poner su muesca personal en la acción que conduce, queda borrado entre el automatismo de la tecnocracia actoral y los avatares del arte experimentalista.

    Ferrario, por el contrario, produce el retorno del sujeto-director y enternece con su función colocando al público - vía la historia hegeliana que narra- en un más allá de la comedia romántica.

    Si la dramaturgia es letra que usa el ser para hablar en la puesta, el director debe saber hallar un "cómo sí" para configurarla con teatralidad. Seguramente Ferrario se dejó embelesar por el espíritu del texto de "Venecia" y recomendó transmitir esa emoción a sus actores.

    Es por eso que la pieza resuelve sublimemente -en un tiempo mítico y real- los instantes de vida y muerte que contiene la obra. El romanticismo de los personajes está acompañado por las canciones de Charles Aznavour. La música arroba a los seis actores que disfrutan como sibaritas del libro de Accme y del sentido teatral y comunicativo que entrega Ferrario.

    Delicia Micucci, Jorge Nieva, Delia Pantaleón, Milena Bilen, Silvia Magriñá y Guido Núñez, hacen los personajes etéreos que simulan -al estilo del teatro de Moliere- un viaje simbólico y cómico a Venecia. En una de sus 100 islas, o en algunos de sus 150 canales o tal vez en un puente de los 400 que tiene la ciudad, está Don Giácomo, esperando a su amada perdida que arriba desde Jujuy.

    Freud analizó cómo por los efectos extraños del inconsciente, el chiste tiene la misma estructura de lo onírico: es puro deseo. Al finalizar la comedia, el público y los actores despiertan de la travesía constatando que el amor puede matar y morir ¿acaso el sueño diferencia entre lo real y lo deseado?
  • 1




e-planning ad