Sábado, 03 de Diciembre de 2016

Opiniones sobre Atlántica Sara

  • Martes, 01 de Junio de 2010Atlántica Sara

    Natalia (56)

    “Todo un lado de nuestra alma nocturna se explica por el mito de la muerte concebida, como una partida en el agua. Para el soñador, las inversiones entre esa partida y la muerte son continuas. Para ciertos soñadores, el agua es el movimiento nuevo que nos invita a un viaje nunca realizado. Esa partida materializada nos arranca a la materia de la tierra. Qué asombrosa grandeza tiene ese verso de Baudelaire, cómo llega al corazón de nuestro misterio esta imagen súbita: ¡Oh! Muerte, viejo capitán, ya es tiempo! ¡Levemos anclas! ". Gastón Bachelard

    Independientemente del vínculo-nostálgico y romántico-entre madre e hija que se intenta reconstruir en esta historia (que es una y son varias), “Atlántica Sara” es poesía. Poesía de a mares. Poésie á flots. Torrentes de palabras, exquisitas, elegantes, exóticas; palabras que flotan, brotan en escena, evocan-con belleza-olas como partes, piezas sueltas de esas vidas ajenas, lejanas, extranjeras. Lo tormentoso e inestable de los afectos. El lenguaje explotado hasta el paroxismo. Cartas en forma de pinturas, el arte como vehículo de la historia-la que tuvieron, la que soñaron o imaginaron y la que no pudieron tener-; cuerpos que cuentan encuentros y desencuentros. Nacer y morir en el mismo tiempo, el tiempo del teatro. Una voz en francés que se sumerge en lo hondo de nuestros oídos y nos atraviesa con la pasión de su ejecutora; cantar para contar, comunicar, expresarse. Un puente entre la palabra y la acción. Una escenografía original, poética, artesanal: luces que cuentan del vaivén del mar, de la magia de su profundidad, abren y cierran momentos, como ellas, las actrices, que trabajan con delicadeza la presencia y la despresencia, siempre con la urgencia de encontrar-en cualquiera de las vastas aristas del lenguaje-el principio del fin o un orden o simplemente una explicación; excusa y expiación. Como a orillas de una utopía, indagan, prueban, se entregan. Una obra que se impone con la fuerza de un océano y nos penetra con la fragilidad del nombre de una mujer. En palabras de Neruda:”Necesito del mar porque me enseña: no sé si aprendo música o conciencia: no sé si es ola sola o ser profundo o sólo ronca voz o deslumbrante suposición de peces y navíos. El hecho es que hasta cuando estoy dormido de algún modo magnético circulo en la universidad del oleaje (…) del fragmento reconstruyo el día, de una racha de sal la estalactita y de una cucharada el dios inmenso”.
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