Domingo, 04 de Diciembre de 2016

Opiniones sobre Mi Muñequita -la farsa- (4)

  • Domingo, 26 de Julio de 2009Mi Muñequita -la farsa-

    Jorge (2)

    MI MUÑEQUITA: UNA CRÍTICA
    El intenso y variado movimiento del teatro independiente argentino –y especialmente el de Buenos Aires- produce obras de enorme interés, pero que a veces no tienen por parte de los medios y de la crítica la recepción que merecen. Tal es el caso, me parece, de “Mi muñequita”, la pieza de Gabriel Calderón, que viene siendo representada en el Espacio Callejón desde el 6 de junio y, a pesar de ese vacío de la crítica, con sala llena en todas sus funciones, porque el público ya ha percibido su valor y la recomienda en el boca a boca. La única recepción que tuvo fue una nota en La Nación (¡al menos!), donde sólo se indicaba que había sido estrenada, sin ningún comentario sobre la puesta; luego seguía un reportaje a su autor, como si el texto mismo fuera un valor exclusivo. Y creo que, en cambio, a pesar de su éxito en Uruguay, de los valores de un autor muy joven como Calderón y de la flexibilidad de su obra para aceptar una puesta muy dinámica, acaso lo menos interesante o lo más previsible de “Mi muñequita” es el texto. De allí el primer gran acierto de la dirección de Azucena Lavín: su puesta, en cierto sentido, va contra los presupuestos más superficiales de la obra de Calderón, y por eso le brinda la hondura y la dramaticidad que aquella apenas sugiere. Lavín la vuelve compleja, va de la oscuridad al grotesco, trabaja el erotismo en el nivel imaginario y como entredicho del tabú, y allí donde el texto de Calderón pedía farsa y velocidad, la directora densifica el ritmo, sin renunciar a él, como si la ligereza de la superficie estuviera anclada en un lodo demasiado espeso, demasiado negro como para seguir adelante. Sin embargo, Lavín trabaja también las aristas de la farsa y de la parodia, pero lo cómico nunca es frívolo y aquello que divierte a los espectadores al mismo tiempo espanta. Para esto contó con un elenco que crece función a función, alcanzando el tono preciso de esta ambigüedad.
    “La muñequita” tiene un subtítulo: “La farsa”. La cuestión de la farsa es problemática en el teatro actual. Coincido con una aguda observación de Mauricio Kartún, cuando manifiesta que la farsa pura en el escenario actual sólo puede ofrecer una lectura televisiva por parte del público y, en ese sentido, el teatro siempre pierde. La comicidad televisiva se repone en el teatro comercial, aquel que otro público va a buscar en ciertos espectáculos, pero conspira en el teatro independiente vaciándolo, por ejemplo, de su contenido humorístico revulsivo. A pesar de que la farsa puede ser fuertemente ideológica, cuando la farsa se lee según el código televisivo, en el teatro, como observó Kartún, “se infantiliza y se vulgariza.” Esto es precisamente lo que evitó Azucena Lavín, con una lectura muy intuitiva de tales presupuestos. Viró la farsa que “La muñequita” es al patetismo, a la oblicua dramaticidad, a la comedia negra, al esperpento como espejo deformante. Y aquí también Lavín transformó los atributos naturales de la actriz Mariana Cabrol que representa a la muñequita –esos rasgos entre vedette y clown y tap dancer, que explota desde la farsa ante un público que lo festeja– en otra cosa: en un personaje inquietante que roza lo maldito.
    Otro de los aspectos que con el ritmo también aligera la densidad es otro hallazgo de la puesta: la irrupción de los momentos musicales. El público agradece esa otra ligereza festiva que funciona como un sarcasmo. La primera irrupción corresponde a esa ingenua canción que Carlos Saura supo incluir en aquel film de los setenta, “Cría cuervos”, donde también había una niña siniestra: “Por qué te vas”. El tema que se vuelve una cumbia y la escena una bailanta, juega también con la farsa desde la ambigüedad cínica. La segunda es la cita literal del musical “Siete novias para siete hermanos”, otro sarcasmo para un contexto donde los lazos de amor están muy lejos de aquella inocencia norteamericana. La tercera es ese baile degradado de la madre en el momento de la muerte del padre, allí donde la actriz Eugenia Straccali –cuya composición es la más compleja y exigente de la pieza por su tensionada ambigüedad– desata toda la potencia de esa hembra desquiciada que deliberadamente había graduado en autismo y que hace estallar en su goce criminal desplegado como en un trance hipnótico.
    Este trabajo abre otro hallazgo de la puesta: la marcación actoral y las actuaciones mismas, que también complejizan y sostienen el texto. Apoyada creativamente en la iconografía del fotógrafo Jan Saudek, que fortalece con sutileza el delicioso vestuario de Alejandro Mateo, toda la pieza alienta el fuerte erotismo que las tres mujeres, cada una en su estilo, manifiestan. La Nena de Moyra Agrelo es la bellísima adolescente atrapada en la conciencia de una niña abusada cuya inocencia se sale de quicio; la Muñequita de Mariana Cabrol juega toda su vulgaridad cínica en una seducción incesante y apelativa; la Madre de Eugenia Straccali hace brillar su gélida hermosura rubia con el complejo misterio de una mente asesina, que antes sólo parecía mera enajenación burguesa. El tío, Rafael Lavín, tiene la pose del perverso seductor que explota su lado narcisista y que sabe explorar su propia caricatura; el mayordomo, Enzo Ordeig, sostiene el relato siniestro de la familia con una actitud como desprejuiciada e irresponsable, que acentúa paradójicamente el horror; el padre, Santiago Weller, es ese anodino padre de familia que oculta un violento reprimido con una rica y a la vez exacta ductilidad actoral. Los cambios de tono, los desplazamientos, los cruces, ese aire como de danza y de espasmo que los convoca, su dinamismo, la atractiva presencia corporal de todos, provocan el placer puro del teatro, una sensualidad glamorosa cuyo fin es terrible. Y es allí donde funciona la catarsis para el espectador que asiste al despliegue de la perversión con un gusto del todo extraño.
    Mención aparte merece el diseño de luces de Alejandro Le Roux, uno de los mejores iluminadores de la actualidad. Los rojos y azules, las luces cenitales, las penumbras súbitas crean los espacios que la austera escenografía ha escamoteado y que los cuerpos dibujan, generando a la vez ese juego entre primeros planos y fondo de la escena que la directora supo crear desde el comienzo, cuando todos los personajes están allí mientras el público llega a la sala.
    “Mi muñequita” en la versión del Grupo Valdea es un espectáculo –como afortunadamente muchos otros del circuito independiente– que merece verse y apoyarse: inteligente, por momentos exquisito sin desdeñar el entretenimiento, de una sensualidad que acaricia y de una crueldad que despierta, y que vale agradecer también al Espacio Callejón por su apuesta cultural.
    JORGE MONTELEONE
  • Sábado, 25 de Julio de 2009Mi Muñequita -la farsa-

    Carlos

    Vi el sábado pasado la obra y quedé muy impresionado por la puesta de la directora, que me pareció muy original. Coincido que es un tema duro pero que está tratado con mucha ironía y humor negro (aunque la obra no me gustó tanto pero el elenco la hace interesante) y además me encantó los cambios de ritmo sorpresivos y esa cosa entre sexy y perversa. Me gustó mucho el Padre y coincido con el otro comentario: la Madre buenísima, y la escena en que mata al padre está genial!!! Gracis a todos por la noche de teatro que nos regalaron.l
  • Martes, 14 de Julio de 2009Mi Muñequita -la farsa-

    Cynthia

    La obra muy dura, pero la verdad es que muestra una realidad de muchos hogares…aunque espero que no se les de todo junto.
    Me impactaron las relaciones familiares
    Lo que me gusto es que ya estaban actuando cuando llegamos( todos en su lugar y moviendose cada tanto, sin hablar) , el maquillaje, la iluminacion, los personajes y los dialogos muy buenos tambien. Me parecieron bien logrados los personajes, la MADRE impagable!
    Tanto hombres como mujeres salimos bastante shockeados
  • Sábado, 11 de Julio de 2009Mi Muñequita -la farsa-

    Ana

    Esta obra ahonda en problemas familiares, complicados y exacerbados por parte del autor. La puesta le aporta frescura y humor a la trama, con muy buenas actuaciones por parte de todo el elenco. Altamente recomendable!!
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