Viernes, 24 de Febrero de 2017

Opiniones sobre Pisar el palito (4)

  • Lunes, 25 de Octubre de 2010Pisar el palito

    Luis

    En el teatro El Espión, en el barrio de Congreso, se presenta desde hace tres temporadas la pieza Pisar el Palito, de Griselda Gambaro, dirigida por Helena Nesis y con las actuaciones de Ana Siniego, Luciano Ledesma y Gastón Ré.
    Se trata de un texto prácticamente desconocido de la autora, cuyo prestigio y trayectoria nos eximen de presentaciones. La historia de Pisar el palito, en cambio, sí nos merece y suscita inquietantes reflexiones, algunas como consecuencia directa del escueto y sin embargo riquísimo texto, otras inevitablemente referidas a la puesta que Nesis y sus actores despliegan ante un público perplejo y conmovido.
    Porque en Pisar el palito lo mínimo (presente desde el título mismo de la pieza) se las ingenia para conmocionar y atravesar al espectador con poco menos que nada; apenas una especie de sórdido mono-ambiente donde los tres jóvenes protagonistas se debaten por reconocerse en el otro, infructuosamente. El resultado es un hecho estético insólito, riguroso, pleno de intensidad y rara belleza, basada en lo sórdido del lugar mismo y del acontecer siempre cambiante y paradojal.
    La acción comienza con la irrupción furtiva de Mario, un saqueador que debe saltar una claraboya para aterrizar a oscuras en el centro del ambiente, dispuesto a ejercer su oficio; apropiarse de lo que encuentre. Inmediatamente comprueba que algo no funciona como debiera; Lily, la dueña de casa, ha sido amordazada y encerrada en un placard por otro intruso que se disponía a torturarla momento antes de su llegada. A partir de esta extraña situación (un ladrón auxiliando a su potencial víctima) lo paradojal se apropia del eje narrativo de la historia, trazando giros y micro-climas inesperados y de impredecibles consecuencias. Porque la situación referida se complejiza casi inmediatamente con la re-aparición del primer intruso, Agustín, (sádico y psicópata, convencido de que el dolor que provoca en sus víctimas obedece a una especie de fatalidad de la que él mismo es más consecuencia que causa), y entonces sí, el destino inmediato de estos seres parece convertirse en una suerte de azarosa deriva, librada a reglas tan paradojales como las que los han reunido. Se suma a ello la desaparición de la llave de calle del monoambiente de Lily que obliga a Mario y Agustín a intentar escapar por la misma claraboya por donde entraron, con nulos resultados. Pero esta confirmación del confinamiento no parece desesperar ni al intruso ni al saqueador, muy por el contrario: Mario, intensamente atraído por Lily desde un comienzo, disfraza y minimiza la causas que lo pusieron en su vida (su profesión de ladrón) y Agustín sólo desea involucrarse con ella por el único camino que al parecer conoce: el dolor.
    La disyuntiva para Lily no puede resultar más tortuosa: elegir entre su verdugo y su potencial saqueador, atraída físicamente por ambos pero furiosa y asustada de profundizar con cualquiera de ellos cualquier tipo de relación.
    La lectura que Helena Nesis plasmó del texto de Gambaro en el espacio escénico no podía resultar más acertada: sus criaturas transitan esta suerte de placentera trampa, a veces como fieras enjauladas, otras como pájaros sedientos, incluso de sangre. Se esfuerzan por simular sus heridas nada más que para quedar más desnudos y expuestos, en un estilo de actuación desgarrado que escapa del naturalismo para incurrir en una suerte de atrapante expresionismo.
    Queda claro que para estos seres desvalidos y despersonalizados el futuro es muchos menos que un signo de interrogación; es apenas un punto suspensivo (ellos mismos lo son), supeditado a las mismas reglas que los condenaron a este presente sórdido. De todos ellos, solo Lily parece encontrar en la solidaridad y el afecto un sentido a su existencia. Pero en el final, la reaparición del lado inevitablemente criminal de Agustín convierte a la pieza en metáfora de un mundo que segrega y convierte a víctimas en victimarios, sólo para justificar su extinción. En tal sentido, el texto de Gambaro asume el riesgo de buscar donde más cuesta; en las menudencias y los pequeños rincones, obviando el camino seguro del efectismo y el golpe bajo. Gambaro no toma partido abierta ni panfletariamente por sus criaturas pero elige mostrarnos las consecuencias de un mundo deshumanizado, donde los condenados no tienen más remedio que pisar el palito de un destino que no eligieron.
    Un párrafo aparte para la ambientación escenográfica y sonora, acordes a lo oscuro e inquietante de la propuesta.

    LUIS SAEZ
  • Sábado, 20 de Junio de 2009Pisar el palito

    Claudisa (2)

    Yo creo que es una buena obra, tomar textos de tamaña escritora siempre es complejo, y asumir ese riesgo desde un teatro que tiene la "primera fila en el piso", como dice el crítico que me antecede, implica una apuesta todavía doble. Demuestra el compromiso actoral, de dirección y de equipo.
    Si vas a ver teatro independiente, y pretendés un palco del Gran Rex, el equivocado sos vos.
  • Sábado, 20 de Junio de 2009Pisar el palito

    Claudisa (2)

    Yo creo que es una buena obra, tomar textos de tamaña escritora siempre es complejo, y asumir ese riesgo desde un teatro que tiene la "primera fila en el piso", como dice el crítico que me antecede, implica una apuesta todavía doble. Demuestra el compromiso actoral, de dirección y de equipo.
    Si vas a ver teatro independiente, y pretendés un palco del Gran Rex, el equivocado sos vos.
  • Miércoles, 17 de Junio de 2009Pisar el palito

    Theater-kritiker

    Obra corta y rara. Esta obra la habia leido hace unos cuantos años y crei que nunca nadie la iba a llevar a escena, por eso me dio ganas de ir, por lo atrevido de esta gente que con un texto casi inexistente por lo poco interesante, hacen una puesta en escena.
    La obra es buena. Hay buenas actuaciones, sobretodo de Luciano Ledesma que destaca con el resto, bien acompañado por Florencia Lauga, que por momentos no encuentra transicion entre los momentos de su personaje. El unico que parece en una muestra de una escuela de teatro es Emiliano Iglesias, que por momentos molesta hasta el hecho de que no sepa donde ponerse para no molestar en el escenario... La direccion es aceptable. La escenografia esta bien resuelta.
    Conclusion: una obra que se puede ver, en la que no hay un texto que les aporte, vale la pena ir para apoyar el teatro independiente... para ver dos actuaciones muy interesantes... y para que la sala funcione, gane dinero, compre sillas y saque la primer fila de asientos en el piso que parece una broma para los que pagan 25 pesos.
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