Jueves, 08 de Diciembre de 2016

Opiniones sobre Esperando a Godot (2)

  • Lunes, 12 de Abril de 2010Esperando a Godot

    Augusto

    Salí medio descolocado, no sabía bien que pensar, fui con otra persona y nos mirábamos a la salida como diciéndonos: …y??? De a poco, inclusive los días siguientes, me fue cayendo todo lo que había visto, y lo que había OIDO!

    Es increíble que se haya escrito hace 50 años y aplique, hoy, con más fuerza que entonces.

    Me gusto la puesta, hay cambios de actores que hacen el mismo personaje y la hacen dinámica en los momentos en los que uno cree que no va a aguantar más (un poquito, porque si hay algo que no es esta obra, es dinámica). Por momentos se hace un poco densa.

    La desesperación que me provocaban esos zapatos era tremenda, daban ganas de ayudarlo solo para que termine, igual con el monologo del esclavo sobre el final. Las actuaciones me parecieron buenas en general, pero la composición de Gogo de Arturo Silva (de acuerdo al programa de mano - el primero en aparecer), me pareció buenísima, me inspiraba mucha ternura y fragilidad, pero a la vez sentía que nunca iba a renunciar, y que dejaría su piel allí, intentándolo. También algunos momentos de Pozzo me gustaron mucho.

    Para ir con alguien y después, no sé, mirarse como diciendo: …y?

    Estaré durmiendo en este momento? Y cuando crea despertar, que voy a decir de este día”
  • Viernes, 22 de Agosto de 2008Esperando a Godot

    Marcela

    Es gratificante ir al teatro y encontrar que “alguien” (en este caso la directora y el equipo de actores y técnicos) trabajó intensamente, para que una obra tantas veces representada como Esperando a Godot, logre resignificarse.

    En esta puesta no hay falsas innovaciones, ni pretensiones de ser original. Primeramente me encontré con una escenografía muy elemental, solo el famoso árbol, que ni siquiera se destaca. Si se destaca, mas tarde, una también elemental luna que de pronto aparece y baja simple y maravillosamente para anunciar la noche.

    Este tipo de escenografías se suele emparentar a la falta de recursos de nuestro teatro off de cada día… sin embargo, en este caso parece ser deliberado el uso de muy poco elementos. No hay en esta puesta ningún objeto (más que los mencionados) que intente sugerir un paisaje o dar apoyo a las actores.

    La puesta, y eso obviamente es una elección de dirección, se apoya en la fe que le tuvieron al texto y en los actores (hombres y mujeres, si, si, mujeres) que a capa y espada defienden cada palabra durante toda la obra, con algunas fisuras, pocas, que no impiden igualmente encontrar algunos momentos de rara intensidad.

    Algunos detalles, cosas sencillas (no los develo, véanla) si bien son recursos usados alguna vez (ya dije que me parece que no buscan ser originales, sino que cada cosa esté en su lugar) funcionan muy bien para simbolizar que Gogo y Didi somos todos, y bien hubiera podido yo salir de mi butaca y sentarme a esperar con ellos, o bien ellos sentarse en la platea cansados de esperar.

    Me encantó, personalmente esos vagabundos me llevaron a su mundo, pude sentir el dolor, el olor y la resistencia de sus huesos, me esperancé con ellos, y me sentí sola. Y Finalmente miramos la misma luna… tan de telgopor y tan verdadera a su vez.

    La recomiendo con ganas a todos aquellos que no tengan miedo de escuchar a uno que dice “no hay nada que hacer acá” mientras que otro desde atrás, que no se sabe si quiere llorar, reír o evaporarse, le replica a la cara como si nada… “ni en ninguna otra parte”

    Ahh!!! El teatro Anfitrión, que no conocía, se las trae eh!! Es muy lindo, y cálido y con muy buena onda.

    Felicitaciones.
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