Jueves, 30 de Junio de 2016

La opinión del público

  • Jueves, 30 de Junio de 2016

    El quilombero (3)

    por Jose (9)
    Mucho grito, poco del buen humor y Cabré se mata actuando pero de a ratos es demasiado pesado.
    La verdad esperaba algo mejor.
  • Jueves, 30 de Junio de 2016

    La cura (o de como intentamos salir volando por la ventana) (5)

    por Daniel
    excelente obra digna de las mejores criticas , bien ambientada y muy bien caracterizada por los actores en un escenario poco convencional
  • Jueves, 30 de Junio de 2016

    No daré hijos, daré versos (8)

    por Iris (5)
    Disfruté mucho de la obra. Me pareció original y de una tensión sostenida.
  • Jueves, 30 de Junio de 2016

    La denuncia (14)

    por Silvia (4)
    Excelente!!!
  • Jueves, 30 de Junio de 2016

    Anfitrión (14)

    por Facundo
    Excelente, divertida, ideal para toda la familia
  • Jueves, 30 de Junio de 2016

    Quien lo probó lo sabe (35)

    por Martin
    ¿Qué decir? Si dijese “ yo estuve ahí”, ¿sería demasiado dramático?
    Quizás…
    Pero ante una interpretación épica por parte de Mariano Mazzei, sobre un texto legendario de Mariano Moro, sólo se puede decir y agradecer el haber estado allí.
    Ambas “eMes” congenian en genialidad.
    Mariano Moro, su texto, es alquimia pura… Como seguidor de sus obras, podría decir que es finalmente en esta obra que lo ENCONTRÉ (y nosotros, sus fans, sabemos, por haber presenciado sus obras, que es un chacal difícil de encontrar en su propia ficción)…
    En esta obra encontré que nos cede una oportunidad de apreciar su oficio como si se tratase de un guiño. Es aquí, con Lope de Vega de la mano, en esta ocasión, y como alquimista de las letras, que se deja ver en otro… ¿Un personaje? Quizás… Pero principalmente en otro dramaturgo ancestral… En otro dramaturgo que no es ni más ni menos que Lope de Vega…
    Se identifica… Y por ende logra identificar a la perfección, como si realizara una selfie con maestranza de su arte, a Lope de Vega: su vida, sus dolores, sus bajas pasiones que a la vez son sus alegrías, su relación con el presente y su congoja ante la percepción de su propio talento, su oficio, él mismo, la matrioshka con la que el dramaturgo homenajea su propio arte… convirtiendo en príncipe y protagonista de sus andanzas y ficciones a quien ha sido creador de ellas. Una suerte de regalo teatral, artístico, una suerte de mimo a la propia autoestima del creador.
    En otro rincón del cuadrilátero: Otro Mariano… Mariano Mazzei… las cuerdas idóneas y afinadas del lutier… Pule y ahoga de expresión y vida cada nota y matiz del texto hasta convertirlo y adaptarlo a su semblante. Imagínense un cliente exigente que, ante la selección de un traje, le da pautas a su propio sastre para poder vestir a medida un traje para que le calce, pero no meramente “bien”, sino esplendoroso en función de lo que sabe que puede vestir sobre las tablas considerando la materia prima para la que nació…
    Ya…
    Suspenso…
    Ya…
    ¿No me creés?
    Hay que verlo.
    (¡Si ese niño no actúa! Ese actor sencillamente se sube al escenario y está poseso. No existe identidad más que aquel personaje al que optó por someterse. Todavía me sigo preguntando cómo hará para ser él mismo tras una simbiosis tan íntima con su papel. Ese tipo de actor se define con su nombre: Mazzei. Es extraño que sobreviva tras quitarse la piel… No interpreta… Se viste de interpretación. Al igual que un cantante entona una canción, su arte es afinar los matices de cada palabra… Brillante).
    Volviendo a la obra… ¿cuál podría ser la palabra que sintetizara la puesta en escena y que definiría cada función? Una sola… LEGENDARIO.
    Se dice que las brujas no existen pero que las hay: Las hay…
    Para no disentir con el dicho, sería casi secreto confiarles que empiezo a creer que en semejante arte de dos cómplices de la perfección existe un pacto endemoniado entre dos: un dramaturgo tan prolífico y a la vez talentoso que parece ser testigo de centurias… y; por su parte, un cómplice, su actor, que ha sido condenado a portar el rostro ficticio de aquellos personajes que interpreta a la perfección. Es tanta la facilidad con la que uno parece dominar la máscara, que es sospechoso que el otro domine con la misma meticulosidad la palabra. Como diría el sabio de Patoruzú: ¡cosa de mandinga!
    Lo prolífico de la verborragia artística, del repertorio dramático de Mariano Moro, parece provenir de un contrato sellado a la vieja usanza del estudio de abogados del Fausto.
    Mientras que su intérprete, Mariano Mazzei, (¿quién sino sería tan osado?) parece haber repercutido en nuestro tiempo como fiel personaje poseso, contemporáneo, cómplice e impúdico de un rostro sin rostro nacido para mimetizarse cabal y raudamente con aquellos personajes; hoy, a la vez y mientras tanto, el otro Mariano, el Fausto de Buenos Aires, paso a paso, se convierte día a día, función tras función, en el dramaturgo más importante pero no por eso menos discreto de una desagradecida Buenos Aires.
    En síntesis: ESPECTACULAR. ALTA CUISINE para las tablas de esta ciudad. A Mariano Moro y Mariano Mazzei juntos sólo les haría justicia un titular: PLACER. Es ver hoy lo que será antológico mañana. ¿Para qué esperar, no es así?
  • Jueves, 30 de Junio de 2016

    Silvina Sosto

    por Hilario (14)
    'Manejas la voz a las mil maravillas' le dijo mi papá Lorenzo a Silvana. A lo que yo le agrego: capa total ella, su banda, su música, las letras!!!! Algunas canciones me llegan al alma y me emocionan!!!!Generan la magia del arte!!!! Es una artista superior!!!!




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