Viernes, 22 de Enero de 2016

De Oscar Wilde
La historia de SALOME es mundialmente conocida. Una de las mujeres más controvertidas de la Biblia, fue “homenajeada” con innumerables versiones literarias, teatrales, pictóricas y líricas. Flaubert escribió primero su versión y luego Wilde redactó su texto en francés (1892). No pudo estrenarla en vida en Inglaterra, pero sí se vio en París (1896), en Berlín (1902) y en Moscú (1917). La versión alemana fue presenciada por Strauss y sobre ella compuso su famosa ópera, que fue estrenada recién en 1907. Herodes suplica a Salomé que baile para él, ofreciéndole como recompensa cualquier cosa que ella le pida. Salomé baila eróticamente y luego le exige, en una bandeja de plata, la cabeza de Jokanaan (San Juan Bautista), un prisionero del tetrarca de quien se había enamorado perdidamente. “Todo habría sido más fácil si hubieras aceptado besarme”, le dice Salomé a la cabeza y luego se quita su propia vida. De acuerdo a algunas ilustraciones de la Edad Media, la cabeza aparece como símbolo del espíritu y, en realidad, esto es lo que desea Salomé: el alma del Bautista. La disposición espacial de la puesta en forma circular busca ir al origen de este relato como transmisión oral, teniendo en cuenta que el episodio conocido milenariamente antecede a Wilde. “Hemos buscado formas de expresión que representen este estado nocturno, poético, ahogado en presagios, que nos propone el autor. Para lograr evocarlo, los recursos deben ser mínimos. La estructura casi musical de la obra, con sus repeticiones rítmicas obliga a la precisión. La música es acción, la imagen sonora creada por Gabriela Filippo, expresa lo que el texto tiene de latente, lo que está inacabado en la palabra”, explica Andrea Chacón.




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