Miércoles, 27 de Enero de 2016

De Pietro Salemme

Uno aprende a quedarse quieto para no morir o para no matar.

Mucho de lo que veras, ha sucedido.


Episodios sobre un mismo tema. Distintos actores. Diversos lenguajes. Espacios mutables. Y una serie de personajes que navegaran la quietud.

En cada encuentro, un movimiento.

En Abril los dos primero episodios.

Estate quieto. La quietud es un sendero demasiado cotidiano. Convive con nuestros recuerdos, nuestras inapetencias, y se jacta en cada mal del nuevo milenio. Sin embargo las nuevas formas de relacionarse han logrado poner un manto sobre la incertidumbre. La incertidumbre encontró una certeza: calcular la vida útil de absolutamente todo, las fechas de vencimiento me despiertan cada día. Y con ellas hemos hecho el amor. No te muevas. Detenerse un instante, hoy, es revolucionario.

Mi quietud me adormece, me agobia, pero también me levanta y conduce y me surca, tan desprolijamente.

Yo aprendí a quedarme quieto cuando me mataban a palos, sólo por miedo a matar, a desencadenar esa violencia no innata, sino generada. ¿Vos no? Yo sí.

Después escribí. Escribí mucho.

La quietud cobra formas insólitas. Vas a verlas.

Ya las viste.

Parecerá inapropiado pero es simplemente contradictorio: a veces las cosas quietas guardan más movimientos que cualquier otra.

No salgas con este viento, puede volar una chapa y cortarte la cabeza. Si la quietud y el encierro tienen algo que ver, seguramente habrá que conversar con los temores y los modernos ataques de pánico. ¿Cuánta angustia le cabe al hombre?

Si estallara la quietud, todo se llenaría de palabras: desierto, espera, recuerdo, objeto, fotografía, teatro, pueblo, soriasis, pavura, deseo, tronco, trunco, encierro.

La quietud implica, necesariamente, permanencia. Aquello que desaparece es porque entró en movimiento y fue adaptándose a las circunstancias. La quietud no se adapta: muta, versa sobre si misma, se desvanece y se enciende en si misma, se purga de soledad y carga sus tintas sin anestesias. La quietud se transforma, no se adapta.

Que no vean lo que hay dentro. Lo siento, he sido demasiado desobediente. Supongo que es el simple sangrar de las heridas y las sonrisas. Por el tajo se derrama.






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