Viernes, 11 de Noviembre de 2016

De Alejandra Pizarnik

La figura central es la Condesa Erzsébet Báthory, personaje histórico húngaro del siglo XVI, quién torturó y asesinó 650 muchachas.

Las huellas de una habitación, como único testigo, allí dos jóvenes, inicialmente no respiran, no pestañean, casi inmóviles.a la espera del impulso inicial que las sumergirá en lo que será el principio de un ritual que se reproduzca a la vista del espectador. Un ritual que se valdrá del mito del eterno retorno, en donde estos personajes serán los encargados de repetirlo. En su encierro se ponen al servicio del discurso. Y exhibirán una intimidad dudosamente privada. Allí el tiempo será una suspensión del transcurrir. Casi como autómatas reproducen una ceremonia en donde las reglas estarán predeterminadas y ellas serán el vehículo para que el drama se desarrolle. Un universo en donde la belleza y la crueldad de las palabras quedarán expuestas. El mundo propuesto por la autora se amoldará y retornará brutalmente a los enfrentamientos entre lo público y lo privado.

Clasificaciones: Teatro




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