Domingo, 31 de Enero de 2016

De Fabián Politis

Des Armadero Teatro

“La felicidad la maneja un mago, estoy convencida de eso cada vez más, porque un día me pasó igual en una fiesta donde había uno que me puso un billete en una palma y me dijo que lo apretara bien fuerte y no hizo más que soplar y cuando abrí la mano estaba vacía y hoy me pasa lo mismo. Solo que entonces el billete estaba en otro lado, en un bolsillo creo y en cambio ahora reviso todos los rincones de la casa, abro los cajones, doy vuelta los bolsillos
y vos no estás en ninguna parte.”

SOBRE LA OBRA

Una mujer sigue esperando la vuelta de su marido, quien la abandonó hace seis meses.
Encerrada en su casa, obsesionada por la seguridad, niega la ausencia de Rubén en su cotidiano.
“Por eso yo nunca dejé de ponerle el plato en la mesa, el pijama en la almohada y la foto de Bariloche cuando fuimos de luna de miel en la mesita de luz”
Sólo se anima a salir a la calle para ir al supermercado.
Ya no llama ni atiende el teléfono y su única compañía es el perro que Rubén dejó atado con candado en el patio.
Pero mañana es el cumpleaños del marido y ella está segura que hoy vuelve.
El entusiasmo irá creciendo junto con los preparativos hasta que inevitablemente la realidad se imponga.
Rubén, no va a volver.
De todas formas, ella no renunciará a seguir siendo una familia.
Que hacer con los miedos que no podemos asumir, con este y con todos.
Es probable que haya más de una respuesta a esta pregunta.
Es probable también que ninguna de las respuestas sea estrictamente la correcta.
Cuando la necesidad de ser felices se vuelve urgencia somos capaces de aceptar lo inimaginable para conseguirlo.
Compartir la vida con otro puede volverse imprescindible, aun si el otro no está. Cual es el precio de la seguridad y el amor.
Buscamos, constante y desesperadamente pertenencia y sentido, pagando costos casi imposibles.
Una cotidianeidad inventada y ajena, donde se agotan las manos de abrazar mentiras, no quedan opciones y hay que abrir los ojos y enfrentar una verdad que nos duele como herida sangrante.





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