Viernes, 04 de Noviembre de 2016

De Santiago Sánchez Santarelli

La obra comienza in medias res: sentadas en un espacio ascético nos encontramos a dos mujeres indiferenciadas que posiblemente han estado actuando desde mucho tiempo antes de que las empecemos a ver. No podemos asegurar a priori que lo que vemos sea la pieza de una institución psiquiátrica. Tampoco que sea un decorado de teatro. Ellas tampoco parecen poder distinguir entre una situación y la otra.

Un conjunto de objetos que la rutina ha vuelto invisibles puebla el espacio y los personajes se sirven de ellos para quebrar el tedio. Están jugando todo el tiempo, al límite de la tragedia.

La obra consta de tres partes: El cuadro I, el II y un cuadro sin numeración que hemos decidido intercalar entre los anteriores en nuestra propuesta, pero que podría ocupar cualquier otra posición.. Los dos primeros cuadros se desarrollan en una habitación cuya extraescena es el baño, el único espacio alternativo al que los personajes parecen poder acceder. Un grupo de fantasmagorías circundan la realidad de aquellos con la incertidumbre y la amenaza de su presencia: las actrices, el dramaturgo, el portero, el corpus textual del teatro ya producido. El cuadro sin numeración invierte el funcionamiento escénico: ahora vemos el baño; los fantasmas han aceptado su condición de tales y guardan silencio; la temporalidad es aún más difusa, podemos incluso suponer que el resto de la obra transcurre dentro de ese cuadro móvil.

El dramaturgo ha elegido mostrar un fragmento ilustrativo de esta obra. En rigor, la representación podría durar casi eternamente. Sin embargo, en el tiempo que ha transcurrido desde el inicio algo ha cambiado. El final repite la disposición escénica del principio. Pero es otra ilusión, todo se ha deteriorado irreparablemente.

Este espectáculo formó parte del evento: Los Viernes Teatro

Clasificaciones: Teatro




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