Martes, 18 de Octubre de 2016

De Manuel González Gil, Osvaldo Santoro
Es en la infancia cuando el hombre construye a fuerza de una alquimia de sentimientos, perfumes y sonidos, la persona que deberá compartir con uno mismo el resto de sus días. Miguel se entera por los diarios que van efectuar una implosión en su escuela primaria para dar a paso a la construcción de un shopping importante. No sabe por qué, pero decide despedirse de aquel lugar que fue el albergue de sus mejores sueños. Su vida hasta aquí no ha sido todo lo que él esperaba. Médico, un poco poeta, separado, sin hijos, no ha podido cristalizar en sus 50 años, ninguno de sus más preciados anhelos, construir una familia y trascender en su profesión, editar sus poemas. Miguel, esa mañana, llega hasta la entrada ya preparada para la voladura del lugar. En el acceso principal se encuentra extrañado, con el viejo portero del colegio que le prohíbe entrar. Don Pedro, a quien la burocracia administrativa ha olvidado en el colegio, no le permite la entrada argumentando que es peligroso, ya que las columnas fundamentales del edificio han sido preparadas por el ejército, para volarlas por medio del barro slarry en apenas unas horas. Miguel intenta por todos los medios convencer al Portero, hasta que se da a conocer. Éste que no lo reconoce en principio, luego de unos instantes se da cuenta que se trata de uno de los más importantes componentes de “Los Caballeros de la redonda”, el equipo de fútbol imbatible del colegio. Con la promesa de no entrar y de cuidar por unos minutos la entrada, mientras el portero va al baño, Miguel transgrede y entra a realizar un pequeño homenaje, una sencilla despedida de la escuela antes que esta vuele por los aires. Ya adentro del derruido edificio, Miguel se enfrenta con sus viejos y pequeños fantasmas. Con su antiguo maestro y sus principales compañeritos, recorre aquellos momentos que como una impronta inevitable habría de marcar para siempre su vida. Mientras tanto el tiempo se termina y se aproxima el momento de la implosión. Miguel vuelve a la escuela y cuando salga de ella ya no será el mismo. A veces los recuerdos son el agua cristalina donde refrescar la incertidumbre de hoy.




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