Lunes, 18 de Enero de 2016

De Rodolfo Walsh

Situemonos en una república Latinoamericana signada por una dictadura tan efectiva como antigua.
El sillón presidencial está siendo entibiado, desde hace décadas, por un anciano terco y devariante, al que se lo conoce con el, no insignificante, apodo de Generalísimo.
Este, a su vez, cuenta con la grotesca compañía de un bufón devenido en coronel. Un ser relativamente sumiso que posee el absurdo don de la memoria absoluta, soplando al oído de su amo toda palabra que sea susurrada en los alrededores del palacio en exacta forma y tonalidad en la que fue dicha.
Pensamientos de insatisfacción invaden los rincones del despacho de este decadente líder militar.
El aburrimiento, la soledad, la traidora vejez, la poca hostilidad del pueblo y la obsecuencia de todo un país los llevan a un aislamiento que lo deja fuera del tiempo y de la realidad.
Pero todo fundamento de vida de un militar debe ser, sin dudas, la guerra, el combate y. La Batalla.
O la obsesión en ella?
De aquí en mas, entonces, solo extraños artilugios, auto conspiraciones e interesadas obediencias logran, que los clarines de un reinado calmo y afinado suenen como el chillido de un cuchillo sobre una piedra de afilar.

Carlos Depaoli (director)





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