Jueves, 14 de Enero de 2016

De Paula Mayorga

Una es mujer, vieja, empleada doméstica y también es Otra, que soñaba con ser cantante, amante, feliz; ambas son voyeaur y llevan en sus cuerpos las marcas del pasado que aparecen como los viejos recuerdos: a medias y con velos que lo confunden todo.
Una y Otra hablan, cantan, gritan, insultan pero, sobre todo, sueñan y recuerdan. El ejercicio de la memoria suele ser el único camino que lleva a verdades ocultas largo tiempo bajo el polvo del miedo: recordar busca liberar. Desde la cotidianeidad de la labor doméstica aparecen los temas fundamentales de esta época: el abuso, la violencia, la soledad, la explotación, la infelicidad, las suaves maneras de la hipocresía.

Una nunca sabe recoge los signos más característicos de la comedia dramática, inscribiéndose en el repertorio de nuevas estéticas que abrevan en el sainete, el grotesco, el varieté, con un lenguaje desprejuiciado, descarnado y, por momentos, de una ternura que desarma.





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