Lunes, 25 de Enero de 2016


"Hemos comprado el suplicio en lugar de la Piedad , el Terror en lugar del Perdón, el Odio en lugar del Amor, la Muerte en lugar de la vida. ¡Noche sin fin!, en Trento".

Trento es la relación de dos solitarios profundamente condicionados por el entorno, el del famoso Concilio que impone el dogma y legaliza la Inquisición. Es una relación conflictiva y clandestina. El obispo Procopius encerrado en la antinomia de su rol como Padre Conciliar y su pasión por la pequeña Gitona, joven condenada a su rol de objeto, a vagar de secuestro en secuestro. La clandestinidad encerrada en un sótano donde la sagrada liturgia se convierte en acto pagano. Un sótano rodeado por la hipocresía, la tortura y el fuego de la hoguera. Una sotana en un sótano donde estalla la sensualidad contenida, la sexualidad tardía enredándose en la espontánea y plena sexualidad de la joven Gitona.
Contrastes, dualidades e inocencias: el horror conciente de la hoguera y el amor más puro; las ceremonias de la liturgia y el sexo prohibido, una muchacha que sobrelleva inocentemente con su cuerpo la condición de género que la oprime; un obispo hipócrita e inquisidor que lidia inocentemente con su pasión adolescente. La Inocencia de los cuerpos torturados y quemados en su inocente "herejía". Herejía que tomará en el devenir de la historia diferentes formas en su resistir al absurdo de la injusticia.

El Concilio de Trento abarcó a toda la Cristiandad. Se inició el 15 de marzo de 1545 y finalizó el 3 de diciembre de 1563.
¡Anatema a los Herejes! fue la consigna de ahí en más. Y la creación del Tribunal de la Santa Inquisición para lograr lo que se buscaba: el Creyente Ideal, perfecto, el que no tuviera, ya, ninguna duda.





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