Jueves, 21 de Enero de 2016

De Agustin Rafael Martínez

Un nacimiento y desarrollo singular y fortuito. Ellas funcionan, crecen y otorgan pruebas de elocuencia y veracidad entre obstáculos propios
de un mundo aún inmaduro. Un mecanismo que no prevé concluir,
progresivo, paralelo, autónomo, que disgrega en humor y expresividad.

Un camino alternativo, el más literal de todos ellos: Hombres aferrados
con sus brazos, manos, diez dedos con uñas. Alivio, gozo y fascinación;
duda, sufrimiento, pero al menos un respiro.

Para gente que cree o descree con fervor. Para aquel que se cuestiona o afirma día a día. Pero sobre todo, para el que padece creer y aún así no se rinde.






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