Sábado, 18 de Febrero de 2017

De August Strindberg

Pelícano es el primer clásico que hago y me enfrento con las dificultades de abordarlo. No quise enrolarme en los modelos de trabajo que enseña la tradición teatral (encarar Strindberg desde esa perspectiva me obligaba a imitar respuestas anteriores). Recuerdo encantado la versión de Amitín, y el inolvidable Padre que puso en escena Alberto Ure. Pero no me sentí tentado de seguir aquellas propuestas, no me gusta ver obras que se parecen a otras. No me siento sueco, y si pude leer a Strindberg fue pensándolo a través de Florencio Sánchez y de Arlt (o desde lo que Bartís me dio a entender). Soy espectador del teatro que se hace en Buenos Aires, que es mi lugar y mi debilidad. Y hago Pelícano reconociéndome en una corriente teatral que intenta examinar al clásico para interrogarse a sí misma (el trabajo presente de Daniel Veronese es un excelente ejemplo). (...) En fin, traté de hacerlo a mi manera, tal como puedo. No me avergüenza reconocer que el espectáculo pone en evidencia mis limitaciones. El trabajo con un clásico resulta bastante misterioso en cuanto a resultados (también lo supe cuando hacía la dramaturgia del Hamlet de William Shakespeare hace tres años). (...) Estoy trabajando con muy buenos actores, con quienes encaramos el problema (a veces obviado) de un texto originalmente escrito en otro idioma. Después de recurrir a buenos especialistas en lenguas, decidimos tomar la mejor traducción posible e intentar asimilarla a nosotros, a nuestra idiosincrasia, desde una actuación contemporánea. Hacer funcionar las palabras de manera pedestre (ya que no hay escritura poética en Pelícano) pero sin versionar ni hacer adaptaciones. Sólo me permití cambiar el orden de la primer escena. (...) No encontré en mi trabajo con Pelícano nada que confirme mis ideas anteriores. Sigo sin comprender al autor, y no sé si alguna vez llegaré a conocerlo. Entiendo apenas un matiz que hay en sus obras: la pérdida. Me propuse tomar ese aspecto (dado que Strindberg es un cúmulo de tensiones inagotable) ese "estado de ánimo" que hay en la pieza, e intentar singularizarlo... (...) Luis Cano

Strindberg nace y muere en la misma ciudad. Hijo de un noble arruinado y de su sirvienta. Trabaja como bibliotecario. En 1869 es actor. Naturalista, filólogo, mago. Practica la fotografía experimental. Precursor del expresionismo abstracto. Escribe seis novelas autobiográficas: El hijo de la criada, Inferno, Manifiesto de un loco, Quimeras, Separados, y Solo. Sus capitanes y padres delirantes producen métodos y discursos que conformarán una realidad posterior a su época.

Se dice que el pelícano siente un amor tan fuerte por sus hijos que, en caso de pasar hambre, da su sangre para alimentarlos. Otras versiones sugieren que, irritado porque sus crías lo golpean con las alas, las mata. Poco después, arrepentido, se suicida clavándose el pico en el vientre. Una última declaración descarta el suicidio y sugiere que sus lágrimas resucitan a las crías muertas.

"Espectáculo realizado en su totalidad con el premio obtenido en el Concurso Nacional de Producción Teatral del Instituto Nacional del Teatro."

Cuenta con los auspicios de: Instituto de Cultura Sueca "August Strindberg", Embajada de Suecia, Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, ApdeBA, y Subsecretaría de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires.

Duración: 50 minutos
Clasificaciones: Teatro




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