Martes, 18 de Octubre de 2016

Ballet en un acto.

La Puesta

Charles Chaplin ya está dentro de nuestra memoria colectiva, como la demostración más cabal de la potencialidad del cine y de la universalidad de los temas más simples que nos aquejan en nuestra sociedad moderna. Considerado por Guido de Benedetti como un magnífico coreógrafo, y ante el inminente 30º aniversario de su desaparición física, el director del Ballet Neoclásico de Buenos Aires decidió rendirle homenaje. La vía elegida es una retrospectiva por su filmografía, llevando sus principales películas, escenas y personajes al idioma de la danza, evitando así, como corresponde en un espectáculo chaplinesco, el uso de las palabras.

Así es como en cada cuadro, Chaplin, encontrándose en la vigilia de su muerte, ve mezclarse sus distintos personajes, que se unen en situaciones de forma atemporal, dándole una interpretación más sucinta y candorosa a los acontecimientos planteados. Cuando reconoce satisfecho en sí mismo la creación e interpretación de todos ellos, vuelve a sentir la paradoja de tener que abandonar su faceta creativa por razones políticas y ve como todos esos individuos irreales se llevan consigo la magia del espectáculo, transformándose solamente en tiras de celuloide. Charles deja el personaje y vuelve a ser persona, y apoyado por su gran amor, descubre nuevamente la felicidad de vivir y recrear la vida para los suyos.

Por qué Charles Chaplin

"Charles Chaplin para mí, fue un magnifico coreógrafo, no danzaba, ¡bailaba!" Así define Guido De Benedetti a la musa de su nuevo espectáculo, quien hacía bailar a todos sus actores, su cámara, sus tomas, su dedicación y obsesión por la perfección y por llegar al sentimiento de la forma más directa: el cuerpo.

"De niño, me producía no sólo risas, también emoción y ganas de soñar. Me enseñó con su mensaje a compartir y brindarse a los demás, desear ser un pequeño héroe sin buscar devolución ni recompensa. En fin, me llegó al corazón y en él se guardó", continúa el Director del Ballet Neoclásico.

Un día, observando a su hija mirar sus personajes favoritos de cine y tv, De Benedetti se recordó a sí mismo mirando El vagabundo. Decidió compartirlo con ella, y la sensación de verla con las mismas respuestas emotivas que sentía cuando él era niño fue algo muy fuerte y extraño: las nuevas formas tecnológicas, el color, la digitalización y el sonido 5.1; no bastaban para "matar" a Chaplin. Esa misma tarde, un viejo póster y una biografía del cómico se cruzaron en su camino, y lo supo: tenía que hacer un ballet sobre su vida.

En marzo, comenzó a montar la coreografía, y desde el primer ensayo, todos los integrantes de la compañía entraron por buen camino en sus personajes y podía vislumbrarse en conjunto el horizonte de la producción. Amigos y colaboradores querían participar desde el principio en el proceso de creación. Todo lo indicaba: la magia y el aura de Chaplin estaban más vivos que nunca. Como el niño que todos llevamos adentro. Por eso, "El Gran Charles", está dedicado a su hija Valentina.

Clasificaciones: Danza




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