Jueves, 14 de Enero de 2016

De Harold Pinter

El Thêatre Organic de Francia en coproducción con el Colectivo Teatral Puerta Roja presenta

Dos asesinos a sueldo esperan en un sótano desconocido la llegada de su próxima víctima. Encerrados en un ambiente apretado y sórdido pasan el tiempo hablando sin lograr comunicarse mientras que la incómoda espera empieza a desnudar sus deseos, sus contradicciones y sus temores.
Pero ocurre lo imprevisto, repentinamente baja un montaplatos de restaurante desde una abertura oculta en la pared, y viene con una orden. Cada vez que el montaplatos sube y baja con pedidos inesperados, los protagonistas se ven agobiados por la incertidumbre y la duda, hasta que las circunstancias se vuelven insostenibles.
Una autoridad sin rostro con exigencias incesantes imposibles de satisfacer. Podríamos creernos en una obra de Kafka si el paquete de te y las galletitas no vinieran a recordarnos que esa sociedad, es la nuestra.

El montaplatos es una de las primeras obras de Harold Pinter. En sus comienzos se vio en él a un heredero del teatro del absurdo. El absurdo en Pinter no es una provocación sino una constatación. Es una observación del mundo real. Con Pinter estamos siempre en lo concreto. Ben y Gus trabajan como asesinos a sueldo para una misteriosa organización. Se les paga para hacer "el trabajo sucio". Deben obedecer, sin hacer preguntas, como buenos soldados.

Pinter extrae el absurdo de la situación a través de la imagen central de la obra, imagen muy concreta y por otra parte totalmente banal: el montaplatos. Ben y Gus reciben pedidos provenientes de arriba. No les viene a la mente en ningún momento la posibilidad de desobedecer y no enviar los pedidos.

Por su verticalidad el montaplatos ofrece una dirección que no es anodina, un lugar suficientemente elevado para ofrecer a las miradas que lo siguen el punto más elevado del espacio escénico que va incluso más allá del espacio-sala hasta llegar al espacio celestial.

Pero el humor negro de Pinter no se detiene allí, es también una imagen de nuestra sociedad de consumo: el mensaje llegado de arriba no consiste en órdenes, sino en pedidos, más precisamente, pedidos de comida. Se piden platos cada vez más exóticos, y Ben y Gus, los asesinos encerrados en un sótano lúgubre, responden como pueden con galletas viejas y un saquito de té. Una autoridad invisible con exigencias incesantes e imposibles de satisfacer acentúa un tiempo que parece desarrollarse en espiral como si no hubiera ninguna salida posible a esta seguidilla de pedidos. ¿Es esta una prueba sádica que se les hace pasar para juzgar su capacidad para cumplir órdenes sin reflexionar?

INTENCIONES DE ESTA PUESTA EN ESCENA

A través del ejercicio de la puesta en escena de obras modernas y contemporáneas, el Théâtre Organic busca escrituras que permitan abordar problemáticas sociales, políticas, económicas o filosóficas. El montaplatos les ofreció una observación de la naturaleza humana gracias a un tema universal y sensible: la jerarquía, aquí inmutable y que da razón inevitablemente al que dirige. Este tema les permite desarrollar mediante métodos de puesta en escena específicos, una crítica a la obediencia ciega a órdenes impuestas por un tercero. Pretenden entonces, que los dispositivos de la puesta estén al servicio de una reflexión sobre las relaciones sociales y la conciencia humana en tanto la jerarquía se adapta muy mal a la duda y a la libertad crítica.
Lo que alinea aquí el planteamiento de puesta en escena es el evitar los efectos fáciles en favor de la búsqueda de una disposición sensible e inteligente del espacio, los cuerpos, las palabras, la luz y la música gracias al tratamiento de los siguientes puntos:
- el clima particular que reina entre los personajes de modo que la ambigüedad, el ritmo del texto y sus silencios, el realismo y la metáfora se mezclen de tal modo que creen una atmósfera misteriosa, la cual invita al público a interpretaciones múltiples.
- respetar la forma en que el autor trata las relaciones humanas desde el punto de vista de un observador exterior: no se conoce nada de los personajes ni de sus intenciones.
- un tratamiento particular del texto que haga resaltar el hecho que oscila entre lo irracional y la trivialidad de lo cotidiano y que los protagonistas puedan así cambiar su registro actoral pasando fácilmente de la tragedia a la comedia.
- conceder un lugar predominante a la confrontación que se desliza subrepticiamente en las palabras.
- un trabajo de dirección de actores que valorice la calidad de una escritura que invite a escuchar lo que no esta dicho. El juego debe ser invisible, es decir, que los hechos parezcan desarrollarse con total naturalidad, sin esfuerzo, pero que sean realmente el fruto de
un largo trabajo. Una actuación despojada, reducida a lo fundamental. Nada de superfluo.
- un tratamiento de lo absurdo orientado hacia la idea que la situación es concreta y creíble y que es necesario que permanezca de ese modo. La absurdidad profunda se verá mejor si el mundo habitado por los personajes parece coherente, banal y cercano incluso del nuestro.
El planteamiento del Théâtre Organic reside también en una labor de investigación sobre la puesta en espacio y sobre la relación escena/sala. El espacio Puerta Roja es interesante por otra parte porque los obliga a renovar los dispositivos escénicos generando constantemente retos de carácter práctico para conseguir una adaptación total de la obra al espacio escénico Puerta Roja. Procurar que se diga que el lugar es ideal para esta obra y viceversa. Una utilización de todos los espacios posibles (aseos, espacios exteriores como el patio, etc.)

Para terminar, se utilizarán los exteriores para la instalación de un dispositivo de luces que simbolice la presencia de otros, de los que dan las órdenes y que nunca se dejan ver.





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