La desobediencia de Marte

Amanece, y Marte es dueño de la hora"

Schiller
Ciertas rivalidades son extraordinariamente productivas. Johannes Kepler y Tycho Brahe se necesitaban y temían. Movidos por la admiración y la desconfianza, se reunieron en 1600 en el castillo de Benatek, Bohemia, para descifrar las órbitas de los planetas.
Kepler era científico teórico; Brahe, científico empírico. El segundo conocía el curso de las estrellas mejor que nadie, pero sólo el primero podía interpretarlas. Si uno prevalecía, el otro sería olvidado. Para llegar a la ecuación definitiva era necesario sortear recelos, envidias y amenazas.
Desde que leí Los sonámbulos, de Arthur Koestler, historia de los descifradores del cosmos, me pareció que el pleito entre el joven, menesteroso y brillante Kepler, y el sibarita, acaudalado y pragmático Brahe era una forma secreta de la complicidad. De esa tensión surgió esta obra de teatro.
Para poner a prueba a Kepler, Brahe le dio los datos de la órbita de Marte, cuyo recorrido es el más inestable, el más “desobediente”.
En mi versión de los hechos, la disputa entre los astrónomos se mezcla con la vida íntima de los actores que los representan. Los enigmas cósmicos se contrastan con problemas de inquietante cercanía.
1600 y 2023: el universo y el teatro, dos astrónomos y dos actores, desafíos científicos y desafíos privados.
El “inconcebible universo”, como la llamó Borges, incluye un misterio superior: la persona que necesitas.

Realizadora de barbas: Mónica Gutiérrez
Realizador de nariz: Santiago Castro
Realización de vestuario y atención en funciones Shirley Bentancor
Caracterizadora en funciones Karina Lezcano

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