Sábado, 16 de Enero de 2016

De Néstor De Giobbi

Humor, ternura, emoción y gratitud son palabras que definen a este espectáculo destinado a todos los públicos, por la universalidad de sus contenidos.
¿Quién no ha tenido algo que decir sobre su madre?
Palabras de elogio, de admiración, de reproche, de pícara broma, de ternura, de gratitud… En dos palabras: De amor y vida.
¿Será cierto aquello de “Madre hay una sola”?
Jugando a cuestionar aquella vieja frase, y a través de una sucesión de monólogos y escenas breves de muy variadas características, un puñado de actrices alternan textos cómicos, tiernos, emotivos y poéticos referidos a la maternidad en sus distintas manifestaciones: La más directa y natural (donde desfilan arquetípicos modelos de madres, como la “madre gallega”, la “mamma a la italiana”, la “idishe mamme”, o la “mami moderna” entre muchas otras, sin omitir anécdotas de madres históricas, como Agripina, (la madre de Nerón), la de Borges, o la Madre Teresa de Calcuta.
Pero también convocando a “las otras madres”: La maestra (…nuestra segunda madre), o la “Madre Superiora”, combinadas con madres en un sentido más amplio, como la Madre Naturaleza, o la “madre Tierra”.
El texto original de esta obra funde relatos originales del autor, con algunas citas poéticas, letras de canciones y humoradas anónimas surgidas del ingenio popular a través del tiempo, llevando así al espectador a una, por momentos, emotiva, y por otros, desopilante recorrida por recuerdos y vivencias que nos son comunes a todos, por el simple hecho de nuestra condición de hijos.


El Grupo de las Tres Monedas es un emprendimiento generador de espectáculos teatrales independientes, fundado en Octubre de 2002 por Néstor De Giobbi (actor y director teatral), y dirigido desde entonces por su creador. Sus integrantes son, mayoritariamente, actores egresados del centro Cultural Gral. San Martín.

Entre las premisas fundacionales de éste proyecto, se cuenta lograr el acercamiento de todos los públicos al mundo mágico del teatro, sin que las distancias, los ámbitos o los precios de entradas se constituyan en barreras entre la gente y sus ganas de ver teatro. Lo dicho está asociado a una vocación de servicio, que prioriza antes que el afán específico de lucro, una gratificación íntima de los protagonistas del hecho teatral, tanto hacedores como destinatarios.





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