Jueves, 14 de Enero de 2016

De Brenda Peluffo

Mientras se siga escondiendo la verdad debajo de la estupidez.

Mujeres maduras, graciosas, delirantes, místicas, revelantes, rebeldes, saturadas, abusadas…

Las mujeres se envuelven en el encierro cotidiano, el día a día y su conflicto con el exterior. El aislamiento, la reclusión, la incomunicación, su intimidad, el amor, la pasión, el ardor, el brío, la energía, el impulso, la furia, la rabia, la cólera, el entusiasmo, el delirio, la quimera, la ofuscación, la obsesión, la ceguera, la obcecación, la fascinación, la turbación, el sometimiento, el terror, el pánico, la resignación, el odio, la enemistad, el aborrecimiento, el rencor , lo visceral, el atolondramiento, el ímpetu, el apego, la ternura, la afección, la lujuria… que sintetizan en la violencia y el arrebato acaban siendo su arma de defensa, la imposibilidad de amar y la decrepitud en el contexto opresivo de un mundo interno que se derrumba. Solo se tienen a ellas mismas. Ya no importa quien gane ni pierda, vencer o ser vencida es parte de la desahogo. Ellas intentaran lograr una sincera confesión, para salvar, al menos, la memoria...

Tensión y dramatismo hasta el final.

Hay mentiras que hieren y verdades que matan.

Una pieza compuesta por lo cruel y desgarrador fluye entre los personajes de estas distintas hembras que aniquilan.





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