Domingo, 17 de Enero de 2016

De Jenny Van Lerberghe
De todas las emociones humanas, es el amor quizás la más paradójica. Tan particular como lo que nos distingue, tan universal como todo lo que nos une.
Tópico discutido hasta el hartazgo, somos en él todos igual de noveles infantes, sacando el envoltorio al caramelo más dulce y brillante que podremos probar jamás.
Pero es tal nuestra esencia que será siempre un disco que se raya con el tiempo, imperfecto y doliente, un plato delicioso condimentado por demás. Y entonces con un soplo y casi sin querer… de la pasión al espanto, del llanto al asco y al llanto otra vez.

Si el amor es un eterno berretín, un barco que naufraga, una casa de locos, entonces estos nueve personajes son como mil, o uno, o nada. Y “Amorfo” es un instante; el exacto momento en que se abraza lo que es, y se lo deja ir.

“Si esa es vuestra forma de amar, prefiero que me odiéis” (Moliere)




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