Lunes, 07 de Noviembre de 2016

De Verónica Schneck

Un montaje con pre-adolescentes, que por momentos parece que jugaran a actuar… que pocas veces deja de ser un poco "actuado" de más; un camino sinuoso, ambiguo, entre esa cosa suave y siniestra a la vez de esa edad.

Un garaje en una casa de familia es el escondite que unas chicas actuales eligen para jugar. El objetivo es alcanzar una práctica disciplinada para llegar al momento pautado: matar a una señorita. Eso las une, las convierte en cómplices porque no les sale, siempre hay que seguir ensayando. Una proposición alucinógena, propiamente infantil, un "método loco" que fracasa desde el mismo momento en que se enuncia y que solo se sostiene por la propia actividad colectiva, de cofradía.

Un modo del mundo fetiche, un lugar común de la mujercita un poco la broma, y un poco lo fatal. Nos tenemos a nosotras mismas es el nombre que mejor da cuenta de esta situación de trabajo de "equipo de chicas" de 13 años. La edad que tienen las actrices es el material más importante de la experiencia, porque la realidad biográfica está para traicionar al argumento, descentrarlo.

Toda la escena es clase B, "trucha", terrorífica; ellas son las que generan los mecanismos para adornar artificialmente la escena. Ser clase B, entonces, puede ser un valor…

Matar o morir… Esa es la implicancia necesaria, por ser la mujercita, tan extrema, tan dramática, tan insoportable e inútilmente intensa... Los vínculos se tornan deformes porque quizás ya vivieron "los besos de lengua", pero hay un lugar demasiado importante para el póster y la FM.

Clasificaciones: Teatro




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