Sábado, 16 de Enero de 2016

De Agustín León Pruzzo, Josefina Sabaté y Baudron

La muerte puede ser liberación. Pero también implosión, derrame interno. Cuando todavía no puede decirse nada, el clima de muerte ensombrece aún más las paredes de la casa. Los objetos recuerdan cada momento de agonía. Nada trae un recuerdo alegre. Todos los gestos, las palabras, los silencios conducen al recuerdo del ausente. Las miradas se cruzan frías, acusadoras. Hay buenos y malos. Culpables y negadores. Sin palabras, el juicio comienza. No hay jueces: todos son acusadores y acusados. Y la lucha puede terminar en una guerra silenciosa que liquide sin piedad a los sobrevivientes del naufragio...

Una fuente, un patio, una casa. Velas. Espejos. Muchos espejos. Un pasillo, un living, un comedor, un baño.

Cotidianeidad salpicada por momentos oníricos; discursos conscientes interrumpidos por una corriente tórrida de palabras que se escupen como un puente.

Un desayuno normal se convierte en un intento desesperado por comunicarse, por romper el silencio, la soledad, el dolor, un intento de salvarse.

Retrato de una familia reflejada en un espejo de agua; un clima sórdido, frágil, a punto de estallar. Y una gota rebalsa la fuente.

familiar es una casa antigua, por la que sus habitantes circulan, viven, sienten y se ocultan. El espectador no está contenido ni distanciado por telones, escenarios o butacas lustrosas. Habitan la casa como los personajes. Se sientan en su living, en su comedor, y escuchan lo que pasa detrás de las puertas. Sienten sus olores, oyen sus murmullos. Son cómplices, o no, de cada uno de estos seres. Que se esconden tras una máscara y son esclavos de ella.

La dramaturgia se basó en el trabajo de los actores.

  • Familiar - vestigios de una tragedia -Familiar - vestigios de una tragedia -




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