Sábado, 22 de Octubre de 2016

De Pablo Cedrón
Teatro sin animales

Cuatro hombres se embarcan en un submarino -de industria nacional- a la espera de órdenes ante la inminencia de la revolución (esta vez definitiva). Desasosiego, desperfectos de orden técnico, desaparición de bananas, abducciones en vivo y la repentina presencia de un tripulante misterioso darán un inesperado vuelco a la historia.

Ellos, los navegantes -que bien podrían ser empleados municipales, gastronómicos o los últimos miembros errantes de una tribu ya extinta-tienen por misión primera hacer funcionar el artefacto acuático.

La acción se desarrolla en la Argentina y, aunque no ha sido voluntad del autor hacer hincapié en hechos históricos puntuales, se deja entrever el carácter cíclico o repetitivo de nuestra historia.

Pablo Cedrón trabajó la dramaturgia de este texto pensando a los personajes en una situación de encierro, por eso la elección del submarino, espacio que los sumerge en una noche eterna.

El espacio de la sala se tiñe de verde, color de la masa líquida y sucia por la que se arrastra el submarino hacia su destino latinoamericano. Pensado para un escenario no convencional, el submarino tiene una estética de máquina gastada, de óxido y chorreaduras de aceite, de ropa que cuelga a la espera de un momento para ser vestida, momento que por otra parte nunca llega.
Clasificaciones: Teatro




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