Domingo, 16 de Octubre de 2016

De August Strindberg
“El Pelícano” es un viaje hacia atrás al momento en que todo empieza. Es un viaje al encuentro con nuestras raíces, y es un viaje riesgoso, porque en el hay un deseo enorme de encuentro, y es bueno que ellas estén ahí (de las raíces hablamos). Es un viaje al momento en que mas necesitamos encontrar los sostenes que darán estructura a nuestra vida futura (y cuando mas se nota si estos no están.) Esos momentos en los que hoy nos damos cuenta cuanto necesitamos los cuidados y el respeto para crecer.
Somos los hijos mas débiles de la creación, necesitamos imperiosamente la presencia de La madre, si esta no está y no hay una sustituta tenemos una muerte segura. Pero si está y nos mal alimenta, el daño es irreparable (sería mucho peor).
El pelicano es la historia de una madre que mal alimenta, que abandona, que abusa de nosotros, que toma nuestra sangre, nuestros sueños, nuestros deseos para alimentarse ... Y adopta muchas formas (esa madre), trasponiendo las fronteras de la sangre. Encuentro en la madre de “El Pelicano” una metáfora de la madre que teniendo que velar por la salud de sus hijos, en un total y absoluto abuso de poder, pasa por encima nuestro, abusando de nuestra confianza, de nuestra docilidad, de nuestra fe incondicional a ella, vendiéndonos, a nosotros y nuestra historia, nuestro pasado y nuestro futuro, dejándonos sin posibilidad de (obligándonos a no poder) proyectar jamás un futuro digno, vendiendo nuestras riquezas, regalándolas al “macho de turno” en beneficio propio, prostituyendose y prostituyendonos.
Los personajes (metáforas de si mismos) son títeres y titiriteros de sus propios destinos, en un juego ininterrumpido de lucha por conquistar el sueño, que en definitiva es lo único que se mantiene vivo y nos mantiene vivos, el sueño de ejercer nuestros derechos, ser dueños de nuestras propias vidas, que no sigan estando a manos de quienes viven de nuestra sangre.
No siempre se ven los hilos que manejan o intentan manejar nuestro futuro, a veces disfrazados de terneros no podemos ver que se trata de lobos.
La madre es la que da la vida, es un contrasentido pensar que estamos en presencia de quien la quita, la mutila, es contra la naturaleza pensar que estamos cuidados por el lobo, esto va contra su naturaleza, no es la suya cuidarnos sino comernos.
Juan Carlos Trichilo
Clasificaciones: Teatro




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