Viernes, 15 de Enero de 2016

De Helena Bamberg
Dos mujeres-hermanas unidas desde su infancia por el desamparo y la hostilidad del mundo que las circunda, recorren su existencia sin alegría ni interés, pero con el profundo e íntimo deseo de que nada las separe. No obstante una de ellas (Marta), se casa. El matrimonio no hará más que mortificarla. Su marido, un hombre de enfermedad creciente día a día, se transforma en un estorbo entre ella y su hermana, Beatriz, quien en su deriva por un mundo sin afecto, se inclina cada vez más hacia una vida desquiciada. Estas circunstancias contribuyen a desencadenar pasiones destructivas del único obstáculo que no pueden considerar sin crudeza. Lugar, el marido de Marta, el hombre, la enfermedad, la descendencia. Los hechos se desarrollan en un pequeño y desastroso departamento. El material dramático se hunde en lo monstruoso. El amor y la violencia se precipitan en el abismo de la carne. No hay piedad, sino goce en el horror. La obra nos invita a explorar el amor en el territorio de la crueldad, de las emociones ambiguas y de los fármacos. La puesta en escena desplaza el presente dramático a una investigación del objeto-crimen y, a la vez, interroga desde un nuevo interés: el teatro puede desplegar diversas capas y miradas de intriga. Un gabinete donde dos mujeres son observadas por un técnico a la vez observado. ¿Qué se une o se separa en uno cuando eliminamos al otro? ¿Porqué se mata? ¿Hay goce en ello?




e-planning ad