Viernes, 04 de Noviembre de 2016

De Marisa Aguilera

“Cada tipo de sociedad fabrica su propia clase de extraños y lo hace de un modo inimitable” (Zygmunt Barman).

Vinculados por la sangre o el destino, los protagonistas de la historia habitan un espacio común. Una casa, un vientre, una utopía destinada al fracaso. Despliegan una secuencia de ritos familiares y prácticas domésticas que ponen al descubierto el entramado de las relaciones de poder y sometimiento en la entraña familiar.

Las ficciones narrativas de finales de siglo XIX, la institución sanitaria, la política inmigratoria, el aparato ORDENADOR de la conducta social han sido los rastros seguidos para la construcción de LA MEDIDA DE LA NORMALIDAD. Relaciones cruzadas en el campo familiar y que son espejo de aquellas formulaciones.

Los estereotipos raciales, sexuales y patológicos, continúan siendo poderosos mecanismos de discriminación para avalar posiciones de poder.

Hace dos siglos se acuñó un modelo de país con vigencia en el presente y que se despliega en el mecanismo nuclear de una familia agotada en el encierro y la sordidez de un espacio limitadísimo, que condiciona y ahoga la existencia, pero también protege de un afuera peligroso y amenazante.

Clasificaciones: Teatro




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